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Hace  tan  sólo  unos  días,  el  marido  de  una  enferma  que  estaba  para  salir  a  la  planta,  se  acercó  a  mí  en  la  hora  de  visita  y,  tendiendo  su  mano  para  estrechar  la  mía,  me  dijo:

- Esther,  soy  el  marido  de  Pilar.  Como  ya  nos  han  dado  el  alta  y  probablemente  no  la  veré  más,  quería  decirle  que,  por  como  he  visto  que  se  mueve  y  se  desenvuelve,  creo  que  es  usted  una  gran  profesional,  y  por  lo  que  me  ha  dicho  mi  mujer,  además  una  gran  persona.  Muchísimas  gracias  por  todo lo  que  ha  hecho  usted  por  ella  en  estos  días,  ha  sido  un  verdadero  placer  conocerla.

Me  quedé  totalmente  patidifusa  y  bloqueada,  no  supe  bien  que  decir.  Creo  que  incluso  me  sonrojé...
Le  agradecí  mucho  sus  palabras  y  comenté  que  el  placer  había  sido  mío,  por  haber  conocido  a  su  esposa,  una  mujer  llena  de  valor.  Le  deseé  una  pronta  y  total  recuperación  y  que  todo  les  fuera  bien.
Quizá debiera haber reaccionado de otro modo, no sé si mostrar sorpresa o el no saber qué decir en determinadas situaciones denotan cierta falta de madurez, lo cierto es que yo soy incapaz de ocultar o disimular algunas de mis respuestas.
Las  palabras  de  agradecimiento  personales  y  directas  de  parte  de  los  familiares  no  son  muy  frecuentes,  y  menos  expresadas  de  una  manera  tan  sincera  e  "impactante". 
En  ocasiones  recibimos  cartas  de  felicitación  para  todo  el  personal,  escritos  que  nos  hacen  llegar  desde  "Atención  al  Paciente"  y  que  reflejan  la  gratitud  por  el  trabajo  hecho,  por  el  cariño  y  la  profesionalidad  mostrada  para con  sus  familiares  ingresados  en  el  servicio.
Creo  que  en  medio  de  todo  el  maremágnum  de  insatisfacciones,  quejas  y  reclamaciones  por  parte  de  los  usuarios  del  sistema  y  también  de  aquellos  que  estamos  inmersos  en  él  como  profesionales,  estas  pequeñas  demostraciones  de  afecto,  que  son  muy  grandes  a  la  vez,   se  tornan  necesarias,  incluso  imprescindibles,  para  confirmar  la  confianza,  la  fe  y  la  esperanza  compartida  por ambas  partes,  ineludibles  integrantes  de  una  simbiosis  tan  particular  que  nos  atrapa  a  todos, lo  queramos  o  no, en  algún  momento  de  nuestra  existencia.

Gracias.



Berni.
Martes  2/11/10.





Puede ser muy interesante la reunión de tantos bloggers, adictos a la red en su vertiente sanitaria y usuarios del sistema de salud, todos juntitos en el Congreso previsto para el próximo 14 de Junio.
Animo a realizar la inscripción lo antes posible (el aforo es limitado).

Berni.
Lunes 10/5/10.

Ayer prolongué mi jornada nocturna en el hospital, pero ésta vez fue para hacer uso del sistema como cliente.
Acompañé a mi padre a la primera revisión, tras una cirugía a la que se sometió la semana pasada.
En la consulta, le retiraron las grapas mientras el médico intentaba buscar una explicación lógica a las abrasiones que mi padre tiene en la zona peri operatoria (y que no es una alergia al esparadrapo). Después nos dieron los papeles correspondientes para tramitar en Rehabilitación, y en otras consultas, y nos dispusimos a ello...

Por los largos pasillos de las dos alas del hospital, marchaban cantidades ingentes de enfermos y familiares, de pacientes que, como nosotros, iban o venían de alguna consulta o prueba...
Al llegar al servicio de Rehabilitación y Fisiotepapia, justo delante de nosotros, estaba una señora muy mayor, que casi no podía andar, a la que el administrativo le estaba dando unas indicaciones para pedir cita en otras ventanillas, ya que aquel puesto no era el indicado.

- Salga por esa puerta a la calle, suba la rampa y gire a la derecha. Dos puertas más allá vuelve a entrar al hospital y pide un numerito para poder después pedir la cita... Es que aquí, ésto no es...

El hombre fue muy amable y se lo repitió en dos o tres ocasiones, pero nosotros, después de formalizar nuestra cita, nos encontramos a la pobre señora totalmente perdida por los bajos del hospital (que yo, como los conozco, atajo por ellos para evitar la muchedumbre...).
Tomamos a la anciana por el brazo y la llevamos donde le habían indicado.
Al llegar allí, cientos de personas esperaban frente a las nueve ventanillas para pedir cita, con el valioso numerito del turno en la mano, el que te daba el celador de la recepción. De espaldas a ésta riada, otros tantos pendientes de entrar en las decenas de consultas de especialidades variadas...
Dejé a la mujer sentada, con cara de susto y atolondramiento, me fui por el consabido numerito y me aseguré que el celador-informador se ocupara de que la mujer hiciera sus trámites con éxito (eso, en dicho puesto, es parte de sus funciones), y que saliera de allí sin volverse a peder.
Aquella mujer que iba dando tumbos sin rumbo, no tenía a NADIE que la acompañara en éstos menesteres, ningún familiar disponible. Vivía a tomar por ... del hospital y hasta allí que había ido, en transporte público (no lo podía creer cuando me lo dijo), para pedir unas citas...
Tanto sistema informático y parece mentira que ésto no pueda hacerse de otra manera más racional, al menos para la gente incapacitada.

- Si tengo que venir hasta aquí todos los días... prefiero quedarme sin poder hablar... - me comentó en un tono de voz casi imperceptible... (imagino que tendría algún problema de cuerdas vocales y precisaba rehabilitación con un foniatra).

Le dije que se iban a ocupar de darle la cita y de acompañarla a la salida.
Me despedí con un beso y allí la dejé, con más pena que gloria... y marché corriendo a otras consultas donde tenía "abandonado" a mi padre.

Al llegar... más de lo mismo:
Gente esperando en colas interminable, unos con resignación, otros con cara de enfado, quejándose a gritos por el trato recibido, por las largas esperas, por el escaso tiempo, una vez dentro, dedicado a ellos...

Ayer tuve ese sentimiento extraño "de fractura" que experimento, a veces, cuando acudo a nuestro sistema de salud como cliente o usuaria.
Es una contrariedad tal, que no sé cómo explicarla.
El sistema nacional de salud, que yo defiendo a capa y espada, deja, en muchos aspectos, bastante que desear.
¿Es ésta "la mierda" que yo defiendo?, me pregunto.
¿Es éste el sistema estupendísimo de salud que los políticos pretenden verdernos?

Las ganas y las buenas intenciones que yo pongo día a día en mi trabajo chocan de frente con lo que me encuentro si me coloco "al otro lado".
Y eso hace que me plantee, personalmente, si mis pacientes se sienten igual de maltratados y descontentos y no estaré contribuyendo a ello, de alguna manera, sin saberlo, bien por comisión, bien por omisión...
Porque sí, todos tenemos muy buenas intenciones, pero lo que hay es lo que hay... y yo estoy dentro de todo aquello...

Luego vienes de vacaciones y te encuentras con un recorte de personal sin sentido, que obliga a dejar inhabilitado, parte del servicio...
Y tienes que escuchar que estamos perfectamente preparados para lo que se nos avecina con la gripe A...

Dios, en ocasiones me bulle la sangre...

Berni.
Lunes 29/9/09.