No sé si es una leyenda urbana o es cierto que todo el mundo, o casi todo, comienza el año haciendo una lista con tareas o proyectos en los que embarcarse en cuanto terminan las Navidades.
Es muy típico dejarlo hasta después de Reyes, el día 6 de Enero es el punto clave del calendario que marca el final del fiestón y del desmadre que vivimos en el periodo navideño, ya sean excesos verdaderos para unos cuantos, o los medianos desajustes en la rutina diaria que sufrimos todos, en aspectos variados: gastronómicos, económicos, en el descanso, en el ocio, etc...
Y como la mayoría de los propósitos están relacionados con estas cuestiones (la comida, el descanso, la diversión, el ejercicio...) y el despiporre resulta inevitable, queramos o no, es bastante prudente dejarlo para cuando la cotidianidad se restablezca.
Nunca hice una lista de propósitos como tal, con papel y lápiz, pero siempre tuve en mente algunas cosillas pendientes:
Esas historias que vas dejando para ocasiones mejores (que por cierto nunca llegan), y que se van acumulando en el rincón de la conciencia, hasta que una Nochevieja cualquiera decides ordenarlas y convertirlas, así, como porque te da un "repente", en "los propósitos del Año Nuevo". Mala idea eso de dejarte llevar por los "repentes"...
Pues bien, yo este año he mandado los propósitos a tomar por donde la espalda pierde su noble nombre.
Nunca logro que se cumplan, así pues... ¿para qué hacerlos?
Que la cosa venga como venga... y los sentimientos de frustración ante propósitos no cumplidos serán inexistentes.
Buen propósito lo de no tener propósitos :)
¿Actitud derrotista?
No, más bien realista...
Es muy típico dejarlo hasta después de Reyes, el día 6 de Enero es el punto clave del calendario que marca el final del fiestón y del desmadre que vivimos en el periodo navideño, ya sean excesos verdaderos para unos cuantos, o los medianos desajustes en la rutina diaria que sufrimos todos, en aspectos variados: gastronómicos, económicos, en el descanso, en el ocio, etc...
Y como la mayoría de los propósitos están relacionados con estas cuestiones (la comida, el descanso, la diversión, el ejercicio...) y el despiporre resulta inevitable, queramos o no, es bastante prudente dejarlo para cuando la cotidianidad se restablezca.
Nunca hice una lista de propósitos como tal, con papel y lápiz, pero siempre tuve en mente algunas cosillas pendientes:
Esas historias que vas dejando para ocasiones mejores (que por cierto nunca llegan), y que se van acumulando en el rincón de la conciencia, hasta que una Nochevieja cualquiera decides ordenarlas y convertirlas, así, como porque te da un "repente", en "los propósitos del Año Nuevo". Mala idea eso de dejarte llevar por los "repentes"...
Pues bien, yo este año he mandado los propósitos a tomar por donde la espalda pierde su noble nombre.
Nunca logro que se cumplan, así pues... ¿para qué hacerlos?
Que la cosa venga como venga... y los sentimientos de frustración ante propósitos no cumplidos serán inexistentes.
Buen propósito lo de no tener propósitos :)
¿Actitud derrotista?
No, más bien realista...

Por cierto, ¿cuáles son vuestros propósitos?
Contadme alguno que se pueda decir...
Berni.
Martes 5/1/10.


