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El primer día del año siempre es algo rutinario.
Éste Año Nuevo, como no he tenido que trabajar en turno diurno, me he dispuesto a hacer lo que la inmensa mayoría de los españoles.
Me he levantado tarde, sobre las once de la mañana, el haber trasnochado y la fiesta nocturna hacen que el madrugón sea casi una penitencia que no estoy dispuesta a asumir...
Cuando llego a la cocina lo primero que hago es poner el concierto de Año Nuevo, me encanta escucharlo de fondo y ver ocasionalmente las bellas imágenes de la campiña austríaca mientras deambulo por la casa sin mucho qué hacer.
Desayuno escaso, un café más cargado de lo normal y una triste galleta, por aquello de tomar algo... porque ganas, la verdad, no hay.
Miro por la ventana y veo la calle semidesértica.
Imagino que casi todo el mundo está en circunstancias parecidas a las mías... algunos bastante más resacosos que yo ( anoche lo único que bebí fue una copa de Albariño en la cena y otra de cava en el obligado brindis de bienvenida del nuevo Año...).

Después de terminar ésta entrada me daré una ducha y me arreglaré un poco, nos esperan en casa de mis suegros, y aunque nunca empezamos a comer antes de las 4 de la tarde, llegamos con antelación suficiente como para dar un paseo con los críos (mi hija y sus primos), que andan como locos por ir un rato al parque, y para también ayudar en lo posible a la anfitriona de la casa, que es la que se lleva casi todo el trabajo... ( la verdad es que da gusto ir de invitada...jejeje).
Espero poder volver a casa relativamente pronto y tener un rato de calma, que empalmar con el trabajo nocturno en el Clínico no me gusta nada...
Además me supongo que será una noche "toledana" como la anterior, con la típica falta de personal de éstas fechas y la supervisora de guardia histérica por no poder solucionar los embolados.

Un día nada interesante.
Mi padre dice que éste, junto con el 25 de diciembre, son dos días "inexistentes", sólo útiles para rellenar el calendario, pero que deberían desaparecer oficialmente del mismo...
No hay pan, no hay periódico, todo está cerrado...
La reclusión casera y los paseos por las calles vacías, tan sólo frecuentadas por los perros y sus sacrificados dueños, sobre todo las primeras horas de la mañana, son casi de obligada imposición...
Días de calma y de encuentros familiares.
Que cada uno lo pase y lo disfrute como pueda...
Por cierto, en Madrid hoy hay montado un megafestival de música dance-house que empieza a medio día y finaliza a media noche... por si algunos se han quedado con ganas de más marcha...



Algún día me apuntaré a uno, para ver si soy capaz de aguantarlo o, por el contrario, corroborar que lo mío es el dance de hace unos años y que ya estoy un poco fuera de lugar...