Hacía una noche estupenda.
Ya casi no recordaba el placer de caminar por la Gran Vía madrileña a altas horas de la madrugada.
Toda una jungla urbana, donde la diversidad de razas y estilos de vida confluyen sin fricciones ni peligros aparentes. Tal concepto pudiera ser totalmente erróneo, y la confianza en exceso arriesgada. Pero la disposición del viandante, de tranquilidad y de disfrute, dotan al mismo de una seguridad, quizá falsa, que convierte en una auténtica delicia hasta el más sencillo de los paseos.
Los atrevidos reclamos de las meretrices hacia mi acompañante, al paso por la calle Montera, se vuelven un juego curioso e inocente, si bien sólo ante los ojos de quienes atisban fugazmente "el lado salvaje de la vida"... "Soldados del Amor", tristeza y sometimiento... piel de pantera y rincones infrahumanos camuflados bajo la alegría de las luces de neón que transgreden, durante unos metros, la clandestinidad nocturna...
Alzas la mano, y en unos minutos te alejas de todo aquello...
"Llevas ahí casi toda la vida", le cantaba el artista a tan conocida avenida. Y así será por mucho tiempo. El propio Antonio Flores permanece, desde hace también muchos años, en algún rincón de la memoria de aquellos que le querían y le admiraban.
Al igual que ese reciente paseo nocturno. De aquí a nada, sólo un furtivo recuerdo...
Berni.
Domingo 10/7/11.



