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"Llovió cuatro años, once meses y dos días..."

Sucedió en Macondo, el mágico lugar dónde la estirpe de los Buendía esparció su sangre, su trabajo y su vida. Saga peculiar de hombres y mujeres extraordinarios, todos colmados de desorbitada fuerza, vehementes en el Amor, generosos en la entrega, cada cual más bravo...

La cólera de huracán bíblico hizo desaparecer toda esa pasión. Semejante relato mítico no puede terminar de otra manera:
"arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres... porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra"...


Llueve sobre mojado y parece que no va a parar de hacerlo en unos cuantos días.
Esperemos que no dure cuatro años, once meses y dos días...

Berni.
Sábado 6/3/10.

" Cada vez que alguien despierta un deseo en otro se enciende el motor que pone en marcha el mundo, se desata una energía a la que es inútil resistirse ".



" Amar no nos sitúa frente al ser amado sino frente a nosotros mismos, y los anhelos que proyectamos sobre a aquel al que elegimos no son más que nuestras aspiraciones insatisfechas, a las que intentamos dar cauce en un ejercicio de comunicación que a veces se convierte en una herida lacerante ".




" ¿ Quién es el dueño de una carta: el remitente o el destinatario ? Acaso el correo, en su trayecto al menos. ¿ Quién es el dueño de la herida: el que la causa, o el que la padece ? ¿ No son caras las dos de una misma moneda ? O quizá el dueño es el sentimiento que les clava su dardo. Quien ama, quien es amado y el amor: ese arquero que nos llaga a ambos, ese puente levadizo en que se encuentran y desencuentran...
El dueño de la herida es el verdugo y es la víctima; es el idólatra y es su ídolo; pero, sobre todo, aquello que los vincula o los enfrenta, sea cual sea su nombre. Porque hay amores que no saben el suyo verdadero. "



Antonio Gala.