Aunque han pasado ya unos días, y tenía que haberlo contado antes... voy a relataros lo que fue mi experiencia mágica en esa caja que tanto se ha visto en la última semana, a causa del Open de tenis.
Llegamos a aquel lugar sobre las 8 de la tarde, pensando que íbamos pelín retrasados, ya que la apertura oficial de puertas se hacía, supuestamente, una hora antes.
La cola era inmensa, no os podéis imaginar cuánto, pero la cifra de 8000 personas (que es la que ha dado la prensa) puede serviros de aproximación...
No abrieron el chiringuito hasta más tarde. Evita llegó cuando la cosa empezaba a moverse, algo inteligente por su parte, porque después comprobamos que el desmadre para ocupar localidades fue total.
A las 9 estábamos dentro y minutos más tarde comenzó un espectáculo de acrobacias, imagen y sonido poco original para mi gusto, con elementos de sobra conocidos por todos: ritmos flamencos y danzas en la misma línea, trapecistas en el aire colgados de enormes cintas de tela y arneses invisibles, a lo circo del sol...
Un rato hubiera estado bien, pero es que nos clavaron casi dos horas de espectáculo coñazo, con la historia de la inauguración. Y bien digo clavada, porque fue totalmente a traición, la inmensa mayoría del público que allí estaba desconocía los propósitos de la organización, que nos lo anunciaba un escueto programa colocado encima de cada asiento.
El caso es que, como la cosa se demoraba en exceso, Evita y yo decidimos hacer lo que únicamente se puede en estas circunstancias adversas: beber.
La cerveza con limón entraba que daba gusto... aunque el pobre Kakumi se tuvo que conformar a base de trinas, que es lo único que su estricto plan de operación bikini le permite (pero te vas a quedar exxxxtupendo, cariño)...
Los "mochilaman" eran tipos con un gracioso equipamiento, que consistía en un barril mediano sobre la chepa (a ellos seguro que no les parecía tan gracioso), una manguera a modo de tirador a un lado y una fila de vasos tipo "mini" (1l) al otro. Y una antenita con luz en el extremo para saber, a vista rápida, dónde los podías encontrar entre el tumulto de gente...
Estaban muy solicitados, al principio fuera de la pista central, en sus alrededores, y luego algo menos, dentro de la misma, durante el concierto.
Varias visitas tuvimos que hacer al lavabo, que el aburrimiento y la cerveza son ambos agentes diuréticos... y en la última casi nos meamos en las bragas (perdón), cuando estando en la poco ortodoxa y típica postura de micción femenina, empezamos a oír los primeros acordes Lenninianos conocidos, consecuentemente seguidos del griterío de la muchedumbre.
Eran las once de la noche.
Evita y yo corríamos a nuestras localidades lo más rápido que nos permitía el alcohol ingerido y el que llevábamos en las manos...
Y allí estaba en mitad del escenario, cual dios menor, rodeado de sus estupendos músicos, vitoreados por miles de personas, enardecidos con los potentes sonidos de las guitarras...
El repertorio que nos ofreció estuvo genial:
un recorrido por sus temas más conocidos durante sus 20 años de carrera musical, todo un lujo.
Canciones tan conocidas como Let love rule, It ain´t over till is over (precioso tema), American woman, Fly away, Again...
Yo vibré con el solo que se marcó al piano tocando I´ll be waiting.
Faltó poco para que mi corazón de mantequilla se derritiera cuando decía, una y otra vez "I´ll the one who really loves you, baby"...
Metío caña el tío, y logró que la gente no parara ni un momento.
Los tres, Kakumi, Evita y yo estuvimos dando brincos desde el principio hasta el apoteósico final, con Are you gonna go my way, a un ritmo más frenético de lo normal.
Salimos encantados, verdaderamente.
Colgaré el penúltimo tema que tocó en solitario, acompañado únicamente del sonido de su guitarra...
Llegamos a aquel lugar sobre las 8 de la tarde, pensando que íbamos pelín retrasados, ya que la apertura oficial de puertas se hacía, supuestamente, una hora antes.
La cola era inmensa, no os podéis imaginar cuánto, pero la cifra de 8000 personas (que es la que ha dado la prensa) puede serviros de aproximación...
No abrieron el chiringuito hasta más tarde. Evita llegó cuando la cosa empezaba a moverse, algo inteligente por su parte, porque después comprobamos que el desmadre para ocupar localidades fue total.
A las 9 estábamos dentro y minutos más tarde comenzó un espectáculo de acrobacias, imagen y sonido poco original para mi gusto, con elementos de sobra conocidos por todos: ritmos flamencos y danzas en la misma línea, trapecistas en el aire colgados de enormes cintas de tela y arneses invisibles, a lo circo del sol...
Un rato hubiera estado bien, pero es que nos clavaron casi dos horas de espectáculo coñazo, con la historia de la inauguración. Y bien digo clavada, porque fue totalmente a traición, la inmensa mayoría del público que allí estaba desconocía los propósitos de la organización, que nos lo anunciaba un escueto programa colocado encima de cada asiento.
El caso es que, como la cosa se demoraba en exceso, Evita y yo decidimos hacer lo que únicamente se puede en estas circunstancias adversas: beber.
La cerveza con limón entraba que daba gusto... aunque el pobre Kakumi se tuvo que conformar a base de trinas, que es lo único que su estricto plan de operación bikini le permite (pero te vas a quedar exxxxtupendo, cariño)...
Los "mochilaman" eran tipos con un gracioso equipamiento, que consistía en un barril mediano sobre la chepa (a ellos seguro que no les parecía tan gracioso), una manguera a modo de tirador a un lado y una fila de vasos tipo "mini" (1l) al otro. Y una antenita con luz en el extremo para saber, a vista rápida, dónde los podías encontrar entre el tumulto de gente...
Estaban muy solicitados, al principio fuera de la pista central, en sus alrededores, y luego algo menos, dentro de la misma, durante el concierto.
Varias visitas tuvimos que hacer al lavabo, que el aburrimiento y la cerveza son ambos agentes diuréticos... y en la última casi nos meamos en las bragas (perdón), cuando estando en la poco ortodoxa y típica postura de micción femenina, empezamos a oír los primeros acordes Lenninianos conocidos, consecuentemente seguidos del griterío de la muchedumbre.
Eran las once de la noche.
Evita y yo corríamos a nuestras localidades lo más rápido que nos permitía el alcohol ingerido y el que llevábamos en las manos...
Y allí estaba en mitad del escenario, cual dios menor, rodeado de sus estupendos músicos, vitoreados por miles de personas, enardecidos con los potentes sonidos de las guitarras...
El repertorio que nos ofreció estuvo genial:
un recorrido por sus temas más conocidos durante sus 20 años de carrera musical, todo un lujo.
Canciones tan conocidas como Let love rule, It ain´t over till is over (precioso tema), American woman, Fly away, Again...
Yo vibré con el solo que se marcó al piano tocando I´ll be waiting.
Faltó poco para que mi corazón de mantequilla se derritiera cuando decía, una y otra vez "I´ll the one who really loves you, baby"...
Metío caña el tío, y logró que la gente no parara ni un momento.
Los tres, Kakumi, Evita y yo estuvimos dando brincos desde el principio hasta el apoteósico final, con Are you gonna go my way, a un ritmo más frenético de lo normal.
Salimos encantados, verdaderamente.
Colgaré el penúltimo tema que tocó en solitario, acompañado únicamente del sonido de su guitarra...
"All that I want is
stillness of heart
so I can start
to find my way
out of the dark
and into your heart...
Where's the love?
What is this world we live in?
Where's the love?
We've got to keep on giving
Where's the love?
What happened to forgiving?
Anyone?"



