Este tema es una mezcla de otros que, a los que estamos un poco puestos en música dance, nos recordará sin lugar a dudas, al Infinity 2008 de Guru Johs Proyect que colgé, no hace mucho, en el blog...

Es ideal para un día como hoy, tan soleado y primaveral...
Ya sabéis que a mí el reflejo del astro rey sobre la piel... me da la vida...


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La rosas suelen ser las flores más representativas del Amor, sobre todo si son rojas.
Pero ya no son las que más me gustan...
Hace poco descubrí los Lilium, con una apariencia espectacularmente bella y una fragancia embriagadora y duradera.
Lo digo por si cuela (*), ya que se avecina esa fecha en la que cada año, y según se aproxima, me voy poniendo gradualmente de "peor leche", sin saber muy bien por qué...

A todos les digo que lo mejor de los cumpleaños es el estar en el mundo para vivir, compartir y disfrutar la fecha en compañía de los que más queremos... sin duda es así...
Pero a mí, el hecho de ver que el tiempo pasa y ello suponga un deterioro físico gradual e imparable... pues como que lo llevo fatal...
Es un poco pensar que las rosas también se ajan y pierden su belleza...
Y sin "lo bello", el mundo resulta aburrido, insulso y poco atractivo...


"When you´re sad and no-one knows it
I´ll send you black roses

when your heart is dark and frozen
I´ll send you black roses..."

Lilium, chicos, lilium... no rosas negras, por dioxxx... y si son orientales, mejor...

Por cierto, el 27 de Marzo The Rasmus estarán en Madrid de concierto...
¿Adivináis quién irá?...
Es uno de los regalos que me voy a hacer por el método L´Oréal... es decir...

PORQUE YO LO VALGO... jajajajaja!

(*)Aunque con esa mala leche creciente, no se si me lo merezco... lo se, cariño, lo se...

Su estancia en el hospital se prolongó durante muchos días.
Le hicieron una infinidad de pruebas y empezó a escuchar palabras extrañas que nunca había oído acerca de su sangre, de unos globillos, o algo así, de color blanco ( cómo iban a ser así si la sangre era roja…), que decían que tenía a montones en su cuerpo, que eran malos, la mayor parte, y que había que eliminar…

A Pedrito todo eso no le importaba, porque la gente allí era muy amable y le trataban bastante bien.
Además sus padres estaban con él todo el tiempo, mucho más de lo que lo hacían normalmente. Puede que les hubieran dado vacaciones a los dos, aunque no fuese verano…

Lo que más le fastidiaba de todo era que se encontraba cada vez más cansado y sin ganas de nada, y se supone que eso era lo que le iban a curar.

- Es por las medicinas, cariño, que son necesarias para que te pongas bueno.
- Jo, mami, pues no lo entiendo…
Ponerme más malito para luego estar bueno…

A pesar de todas las molestias, de todos los pinchazos que al principio le dieron, de todas las veces que vomitaba la poca comida que conseguía tomar… a pesar de todo, Pedrito era muy valiente y se mantenía casi contento.
Toda la familia estaba pendiente de él, le traían un montón de juguetes y, además, había hecho buenos amigos en aquel sitio.

Los niños eran más o menos de su edad y todos parecían tener la misma enfermedad.
Una extraña enfermedad con la que mudabas el pelo, para que luego saliese más fuerte y bonito, según decían los mayores, y te quedabas delgadito y débil para después llenarte de nuevo de mucha energía, y poder correr más rápido y ganar a todos tus compañeros de clase, y así no pochársela nunca al jugar al “pilla-pilla”…

Pero las cosas no iban bien, Pedrito lo presentía.
Sus padres estaban cada vez más preocupados, él no era tonto y lo notaba claramente en sus caras.
Además se sentía bastante mal.
Cómo definirlo… se encontraba muy pero que muy mal.

Le metieron en una habitación con las paredes de cristal y decían que no podía salir de allí para nada, ni siquiera para estar con sus amigos calvitos como él, y ver la actuación de los simpáticos payasos, que era uno de los momentos que más le gustaban. Alguna vez ellos iban a visitarlo detrás del cristal y e intentaban divertirle un rato, pero Pedrito ya no tenía ganas de reír.
Sólo quería estar tranquilo y dormir casi todo el tiempo.
No le importaba que aquella cama no fuera tan mullida como la de su casa, porque ya se dormía igualmente.

Su madre siempre estaba junto a él, abrazándole y dándole mimitos.
En realidad era lo único que ahora deseaba, sus besos, sus caricias, su regazo, siempre estar junto a ella, así de cerca, así de bien.

Una tarde despertó y se dio cuenta de que su familia al completo se encontraba en aquella habitación que parecía una burbuja. Sus abuelos, sus padres, sus dos queridos tíos… todos allí mirándole, y todos con unas caras muy tristes.

- ¿Qué pasa, mami? ¿Por qué están todos aquí?...
- Tranquilo, cariño, es que hoy es un día especial… no tenían que trabajar y han aprovechado para venir a verte…

Las palabras de su madre no le convencían, pero era igual, a Pedrito le encantaba que estuviesen con él.
Un fugaz y extraño pensamiento hizo que súbitamente se le helara el cuerpo. Comenzó a tener mucho miedo y se abrazó con más fuerza a su madre.

- Mami, tengo mucho frío, abrázame fuerte… estoy muy cansado, me pesan los brazos y las piernas… quiero dormir, pero no me sueltes…
- No te soltaré, cariño mío, no te soltaré.
Siempre estaré contigo, siempre…

Pedrito se dejó llevar por un sueño muy profundo.
Vio como su cuerpo comenzaba a levitar y se elevaba sin peligro, dejando atrás a su madre, su padre y todos los que estaban en la habitación.
Flotaba en el aire como cuando buceaba en el mar, con la misma genial sensación de ingravidez.
Continuaba subiendo hacia el cielo y hacia las estrellas cuando a lo lejos vislumbró la estupenda nave del capitán Kirk, con la puerta principal de entrada abierta y toda la tripulación en pleno, esperando a recibirle.
Miró hacia atrás un instante y vio un puntito azul claro en mitad de toda la oscura inmensidad.
Pensó un momento en regresar, dudó mucho unos segundos… pero qué narices, ya lo haría más tarde, porque qué gran suerte la suya: un viaje que se adivinaba seguro alucinante, estaba para él, sólo para él, a punto de comenzar…
Cuando se tumbaba en la cama y miraba al techo de su habitación, Pedrito podía perderse entre el sistema celeste que su padre había colgado de la lámpara - Sol.
Los planetas que conformaban La Vía Láctea estaban allí suspendidos, todos dispuestos en torno al central astro rey, situados de la misma manera que en los manuales y libros que él solía ojear con curiosidad durante horas, y que tenía ordenados bajo un estricto orden, según su particular preferencia, en la estantería colocada justo encima de su escritorio.

Pero aquel sitio donde ahora estaba era, sin lugar a dudas, muy diferente.
Cuando permanecía acostado boca arriba con los ojos abiertos, lo único que podía ver eran las rejillas de color gris metalizado del sistema de aire acondicionado.
Pedrito no sabía a ciencia cierta para qué eran, pero se asemejaba a “algo” con la misma forma circular que recordaba haber visto en el molón camarote del capitán Kirk, en su futurística nave Enterprise, que atravesaba sin problemas el inmenso espacio sideral a una velocidad apabullante.
Bueno, además de las rejillas aquellas, también podía ver unos horribles tubos blancos, los que le despertaban todas las mañanas con su cegadora luz cuando la enfermera iba muy temprano a sacarle sangre...

Pedrito había sido una especie de milagro para sus padres.
Después de años de intentar tener hijos y de ir a muchos médicos con la esperanza de que al menos uno, entre todos ellos, les dijera algo diferente a "lo siento, no se esfuercen más, es prácticamente imposible...", el test de embarazo positivo, tras unos días de incomprensible retraso, devolvió repentinamente la alegría a aquella pareja en edad ya madura...

Una decisión un tanto desacertada en la elección del nombre, resultado sin duda de las insufribles presiones familiares y de la irónica coincidencia de apellidos paternos , hizo que la criatura se llamase Pedro Ángel Iglesias de los Santos.
Eso era algo que a los hermanos mayores de sus amigos del colegio les hacía tremenda gracia, aunque él no entendía muy bien por qué.
En su casa le llamaban Pedrito "a secas".
Su madre decía que lo de ángel ya lo llevaba reflejado en la cara y que precisamente su segundo nombre, era el verdadero de todos los niños...

Pedrito, a sus cinco años de edad, era feliz jugando con sus compañeros en el parque, ese pequeño espacio de tierra amarillenta y con columpios de colores al que su madre le llevaba, siempre que no llovía, cuando salía por la tarde de clase.
Se comía la merienda entre risas y juegos, y disfrutaba mucho dando toques al balón, tirándose con cierto miedo por un empinado tobogán, o corriendo serpenteante, mientras intentaba esquivar el manotazo letal del que se la pochaba cuando jugaban al "pilla - pilla".

Un día, Pedrito empezó a encontrarse muy cansado.
No sabía qué le ocurría, si no dormía bien por las noches, o es que aquellas horribles pesadillas, cada vez más frecuentes, no le dejaban descansar lo suficiente. Sólo sabía que llegaba la hora de levantarse y a él le costaba un triunfo salir de su mullida y cómoda cama.

Una de esas noches, su madre fue a darle el largo y tierno abrazo de oso que a Pedrito le encantaba recibir en cuanto se acostaba.
Al tomarle suavemente por el cuello, su mamá descubrió unos pequeños bultos, ocultos justo detrás de su tierna orejita.

-Cariño... pero ¿qué tienes aquí?, a ver...
- No pasa nada, mami, no me molestan...

Al día siguiente a Pedrito le llevaron de visita a la doctora.
La pediatra, después de explorar con detenimiento al niño y de preguntar a su madre unas cuantas cosas, determinó que lo mejor era que le hicieran unos análisis de sangre.

- No te preocupes Pedrito, apenas te dolerá... y así sabremos por qué te cansas tanto últimamente...

Una semana más tarde, volvieron de nuevo para conocer los resultados, pero en ésta ocasión, las cosas pintaban diferentes.
La madre de Pedrito estaba más nerviosa de lo normal, y cuando salió de la consulta, parecía que le habían caído repentinamente muchos años encima. Se la veía pálida y sus manos temblaban como los de una anciana y, aunque no había hecho ningún sobreesfuerzo, era como si hubiera corrido los cien metros lisos, estaba extenuada y necesitaba descansar.
Se sentó un momento para tomar una bocanada de aire.
Con los ojos vidriosos miró a su hijo que estaba de pié junto a ella, le tomó las manos y le dijo con voz entrecortada:

- Cariño… tenemos que llevarte al hospital…
- ¿Por qué, mami? ¿Qué me pasa?.
- No lo sabemos aún, pero tenemos que ir al hospital. Allí nos dirán que te sucede. La doctora dice que estás malito… pero no te preocupes, te pondrás bien en seguida… ya verás...

Entonces se abalanzó hacia Pedrito y lo abrazó con más ímpetu que nunca. Le apretó tan fuerte que el niño casi no podía respirar, pero él no se quejó.
Mudas lágrimas caían por las mejillas de su madre, Pedrito las notó húmedas en su cuello, cerca de aquellos dos insignificantes bultos, en realidad más importantes de lo que él alcanzaba a comprender, aunque el niño presentía con certeza que eran los culpables de tan angustioso momento.
El corazón le latía rápido y un nudo en la garganta hizo que no pudiera decir nada en lo que quedó de mañana, y apenas algo más durante el resto del día.
El domingo 8 de Marzo fue el día de La Mujer, como todos sabemos. Y omito lo de trabajadoras, porque eso lo somos todas.

En mi hospital, el lunes 9 se realizaron varios actos para celebrar dicha conmemoración, y entre ellos se procedió a la entrega de premios del concurso literario que comenté, y en el que decidí participar, un par de semanas atrás...

Pues bien....
Lo primero decir que la ilusión con la que escribí mi relato no la sentía yo hace mucho tiempo, por lo que ya sólo con haber vivido un sentimiento de euforia tal, me ha compensado sobremanera... aunque fue muy bonito mientras duró...

De mis palabras es fácil deducir que, efectívamente, el relato no ha ganado ningún premio. Si bien es cierto que estuvo a punto de subir al podio, los miembros del jurado determinaron que el cuarto puesto era más que suficiente...

Pos vaya mierda! casi mejor no haberlo sabido.
A decir verdad, ayer tenía un sentimiento extraño, supongo que era una especie de absurda tristeza por la "estrepitosa derrota"... más que tristeza, desilusión, debido a las espectativas que me había creado . Sin embargo hoy me siento indiferente.
Como hay compañeros que me han dicho que les gustaría leer el relato, voy a colgarlo, como prometí que haría.

Es una historia cuyo argumento principal gira en torno a un niño pequeño que sufre una enfermedad grave, una de esas patologías que nadie quisiera padecer.
La visión de dicha enfermedad que quiero reflejar y con la que me gustaría que nos quedáramos todos, es sin duda menos cruda a través de la percepción infantil, mucho más clara y pura porque está libre de pensamientos condicionantes, incluso se podría decir que de cierto grado de ignorancia.
Pero la carencia de prejuicios "adultos" es lo que determina la sencillez en la historia, que hace que lo más doloroso y crudo se vuelva, de alguna manera, soportable.
El relato está basado en experiencias reales.
No es biográfico pero contiene elementos verídicos vividos por personas de mi entorno familiar y laboral.
Por supuesto, mi dedicación profesional durante 6 años en una planta de Hematología ha sido decisiva para escribir esta pequeña historia.
Espero que os guste.
Y también espero vuestras opiniones... de cualquier tipo, pero ante todo que sean sinceras...








He estado el fin de semana liadilla y no he podido pasar por este mi particular rincón.

Querría haber hecho una estrada especial para animar a much@s de mis compañer@s que han pasado unos meses infernales estudiando como verdaderos cab*ones, que diría uno de ellos, para sacar una plaza fija de enfermerita en este nuestro estupendisisisimo sistema de salud pública.
Como me fue imposible, llamé o mandé mensajes personales, aunque sé que me he dejado alguno colgado por ahí, que pensará que no me acordé de él/ella...
Aunque sea tarde voy a poner, para todos ellos, ese tema que A MI me da tan buen rollo, y me gusta escuchar cuando uno quiere, desea y aspira a triunfar en algo.

Va por vosotros, chicos:


No lo dudéis ni un momento:

YOU´VE GOT THE POWER!!!!!!
La entrevista ha estado bien.
Solo se puede hablar en inglés, por lo que al principio estaba muy nerviosa, por ese miedo que tenemos a meter la pata y a decir incorrecciones los que no estamos acostumbrados a practicar y hablar con naturalidad otro idioma que no sea el nativo.
El profesor es Peter, un chico joven de unos 25 - 30 años, de nacionalidad húngara.
Vino a España por estudios en octubre del pasado año sin saber ni una sola palabra de español, y es voluntario en el centro al que voy a asistir todos los viernes durante 1h y 1/2.
En la entrevista me ha pedido que le hablara de mi vida, de mi profesión y de las motivaciones que tengo en esto del inglés.
Después de unos 30 minutos, ha decidido dejarme en el grupo de los "espabilaos", porque aunque estima que mi nivel está en la mitad de los dos que hay, cree que aprenderé rápido porque la base que tengo es buena.
Así pues, una hora más tarde me he presentado de nuevo allí, junto con otros dos alumnos, de mi edad, más o menos:
un chico español informático y una chica chilena estudiante de Historia.
Ha sido realmente interesante.
Creo que, como dice Piter, los comienzos serán un poco duros, pero luego, poco a poco, me iré soltando...

Por cierto, el profesor está tremendo... una motivación "extra" para no faltar a las clases...
Joder! qué básica que resulto a veces...