"Pobre es el hombre cuyos placeres dependen del permiso de otros"

Berni.
Jueves 7/7/11.
A medida que la drogas fueron metabolizándose y los efectos de la letal mezcla pasando, la energía de la vida regresó lentamente a su cuerpo, y los párpados comenzaron a entreabrirse en un gesto de rebeldía contra el fallido mortífero sueño.
No sabía donde estaba, pues la confusión del despertar era máxima en tales circunstancias. Un indescriptible malestar recorría todo su cuerpo. Sentía un dolor agudo en la garganta, y de manera automática, como un reflejo a dicha desazón, sus manos se movilizaron hacia "lo extraño" que tenía en la boca y que le impedía pronunciar una sola palabra. Llegando a un punto, notó un tirón brusco en las muñecas. Tenía sujetos los brazos para  que no pudiera quitarse el tubo que la conectaba al respirador. Al momento escuchó su nombre. Una voz cálida le relató lo que había sucedido y le explicó dónde estaba.

-Tranquila-le decía- tienes un tubo en la boca para poder respirar, pronto te lo quitaremos. Pero tienes que ayudarnos y estar tranquila...

Siempre se ha dicho que cuando se fallece de forma violenta, todas las escenas de la vida pasan en unos segundos por la mente. Lo que no cuentan es que al regresar de la muerte ocurre exactamente lo mismo, pero al revés. Era, al menos, su experiencia: el momento de la decisión final, los meses anteriores de desamor y soledad, Él...y todo lo restante...
Él. Siempre él...

Dejó de notar la molestia de la garganta. No es que hubiera desaparecido. Es que el temido desconsuelo había retornado para  instalarse de nuevo en  su alma. Igual de penetrante que en  la madrugada anterior, cuando en medio de la zozobra sentimental determinó preparar el cóctel de barbitúricos y alcohol. Necesitaba con urgencia sosiego para la tristeza vital que ya no era capaz de soportar. Los meses de terapia y medicación que supuestamente serían su cura, no habían logrado alcanzar lo ofrecido, así pues ella creyó encontar una solución definitiva...

"Seré el que te ame hasta el final de los tiempos, no dejaré que te vayas..." Aquellas palabras martilleaban sus temporales. No tenía claro si él las pronunció alguna vez, o su recuerdo no era más que el fruto de sus deseos, de lo que alguna vez hubiera querido escuchar saliendo de sus labios. El duelo por la pérdida de lo nunca alcanzado es potencialmente mayor de lo que en realidad se obtuvo y  después se perdió. "A veces creo que nunca me entenderás" decía, a veces..."en tus ojos... en ellos tengo todo lo que siempre quise... no dejaré que te vayas..."



Se fue. Una mañana, mientras terminaba con  apremio  los informes solicitados, recibió un sms que la dejó perpetuamente clavada en el asiento de su escritorio.
Se fue y nunca volvió.
Ahora ella se encontraba con los ojos abiertos, viendo el rostro de una desconocida y sintiendo de nuevo la misma punzada insoportable...

"Pues yo por un tío no haría jamás esa gilipollez" le pareció escuchar entre el alboroto de aquel inhóspito lugar... 

Dios, qué he hecho... pensó..."Cualquier cosa que pidas... así seré..." Continuaba el golpeteo en su cabeza...

Sabía que todo volvería a ser igual. Nunca podría salir de ese maldito perímetro, por mucho tiempo y ayuda que tuviera. La admisión de tal estado fue lo que precipitó el siguiente y definitivo intento.
Conocía la vía de escape para todo aquello.También sabía que era un viaje para el cual no existía billete de retorno. No existiría. Se lo juró a sí misma. 

Nada pudo hacerla cambiar de dirección. Fue plenamente consciente cuando decidió montar en ese peculiar tren. Sin estaciones ni paradas a medio camino. Sin más pasajeros en el vagón. Con un único y ansiado destino: la libertad...

Berni.
Sábado  2/7/11.





Siempre había sido un tipo tímido  e  independiente. De pequeño se encerraba en su cuarto y pasaba horas jugando con un ejército de plasticucho formado a base de invertir la pequeña paga  dominical,  que  escasamente  le  daba  para un sobre de MontaMan y un par de tacotes de Cheiw Junior. Y suerte que  le  caía.  Su madre tenía que estirar el  jornal que el marido llevaba  casi como los chicles que  a  su primogénito le  encantaba  mascar durante horas, mientras  armaba  con  paciencia  los  camiones de salvamento, los carros de combate y los jeep  que venían en cada sobre de a cinco duros.
Disfrutaba  alineando  decenas  de  figuritas  en  torno  a  un  objetivo  banal,  e  ideaba  una  cruenta  lucha  de  la  que  salían  un  buen  número  de  hombrecillos  gravemente  perjudicados,  pero  en  la  que  apenas  había  muertos.  Después  se  esmeraba  en  la  evacuación  de  los  heridos  hacia  el  centro  sanitario,  una  plataforma  hecha  de  piezas  de  construcción  que  se  erigía,  discordante,  a  unos  metros  del  escenario  bélico.
Los  tumbaba  en  unas  minúsculas  camillas  y  los  rodeaba  de  personal  sanitario,  destartalados  muñecos  que  quitaba  a  sus  hermanas  y  que  les  dejarían  como  nuevos  para  la  siguiente  batalla...
Cuando  a  los  dieciséis  comentó  a  su  padre  que  quería  estudiar  para enfermero,  la  primera reacción  quedó  entre  el  choteo  y  el  encabronamiento.  Eso  era  de  maricones, le dijo.  Pero  llegando  a  los  dieciocho,  él  lo  seguía  teniendo  muy  claro,  y  a  su  padre  no  le  quedó  más  remedio  que  aceptarlo.  Al  fin  y  al  cabo  era  su  deseo, y  en  cabezonería  no  le  ganaba  nadie. Porque además de callado,  su  hijo  era testarudo de cojones, por  lo  que  al  final,  mediara él o no  y  mal  que  le  pesara,  el  niño terminaría  siendo  "enfermerita  maricona"...  Además  no  le  saldría  muy  caro,  ya  que  lo  mandaría  a  casa  de  una  hermana  que  de  joven  se  fue  a  vivir  a  la  capital  y,  las  cosas  como  eran,  no  la  había  ido  nada  mal...

Ramón  subía  las  escaleras  que  le  dirigían  a  su  servicio  con  calma  pero  con  ritmo.  Hacía  un  calor  infernal,  y  le  apetecía  disfrutar  de  la  vida  que  le  daba  la  música,  más  que  estar  diez  horas  nocturnas  entre  tubos,  máquinas  y  perfusiones  a  media  luz,  que  trataban  de  alejar  la  muerte  de  sus  pacientes.  El  entusiasmo  que  le  llevó  a  ser  lo  que  era,  pese  a  las  trabas  paternas,  seguía  intacto,  pero  el  peso  diario  del  dolor  que  veía  le  sumía,  en  ocasiones,  en  una  enorme  tristeza  de  la que  de  forma innata  quería  huir.
Poco  antes  de entrar  por  la  puerta  de  la  UVI  comenzó  a  sonar  ese  tema  que  últimamente  le  rondaba  la  cabeza  como  una  compulsión.
Who´s  gonna  save the  world  tonight?
Una  sonrisa  le  sobrevino.  Parece  irónico,  pensó...
Desde  luego  yo...  no...


Berni.
Martes 28/6/11.


Berni.
Lunes 13/6/11.
Estas  dos  palabras  bien  podrían  ser  la  introducción  de  ese  momento  "supermegaespecial" que  todos  alguna  vez  en  nuestra  vida  hemos  tenido,  tendremos  (o  eso  dicen),  con  un  color  pastelón  de  fondo  y  amenizado  por  la  melodía,  también  megamoñas  y  no  menos  pastelona,  de Robin Beck, que  ya  sea  dicho  de  paso,  una  afamada  marca  de  bebida  utilizó  en  uno  de  sus  anuncios.  Seguro  que  muchos  la  recuerdan...  Bueno,  yo,  que  soy  un  tanto  friki  para  esto  de  la  música,  sí...
Pero  nada  que  ver  con  lo  que  supuestamente  va  a  ser  "my  first  time"...
 
Llevo  meses  preparándome... y  mañana hago  la  primera  guardia.
A  ratos,  cuando  lo  pienso  fríamente,  me  dan  mareos,  y  una  especie  de  congoja  me  retuerce  las  entrañas.  Después  cojo  aire, contengo  la  respiración  un  momento, y  parece que se  pasa,  aunque  una  constante  angustia  se  haya  quedado  instalada  en  la  boca  de  mi  estómago  desde  hace  días...
Es  el  peso  de  la  responsabilidad,  de  la  incertidumbre,  el  pensar  bajo  presión  y  contra  reloj...  y  ese  momento  nocturno  de  soledad  que  tanto  temo...  La  soledad  nunca  me  gustó,  y  menos  si  no  es  por  elección  propia...
En  un  intento  de  hacer  desaparecer  todos  mis  temores,  me  entra  un  arranque  de  "pero  qué  coño,  si  yo  puedo  con  eso  y  con  mucho  más"  (que  de  peores  cosas  he  salido,  si  lo  sabré  yo).  ¡Toma  subidón  de  autoestima!,  ahí  no  es  nada...  De  repente  me  encuentro  rememorando  algun  tema  más  apropiado,  de  esos  que  me  ponen...  cómo  decirlo...  simplemente  me  ponen...



Una  pequeña  punzada  me  devuelve  a  la  realidad:
Presión  y  soledad...  menuda  combinación... Dos  puntos  fuertes  que  me  golpean  la  autoestima  y  la  capacidad  para  pensar  y  actuar...  ¿o  no?  La  conjunción  de  ambas  circunstancias  puede  que  sobreactive  esos  mecanismos  adaptativos  que  tengo  y  que,  pese  a  mi  puta  tendencia  a  minusvalorarlos,  siempre  me  sacan  de  todos  los  aprietos...

Bueno...  ya  veremos...
:)

Pressure,  pushing  down  on  me,  pressing  down  on  you...  no  man  ask  for  under  pressure...




Berni.
Miércoles  8/6/11.
Spot  publicitario  para  la  ONG  Africa  Directo.  Con  la  prosa  del  genial  Eduardo  Galeano...



Gracias,  Emilio  :)

Berni.
Sábado 4/6/11.


Berni.
Jueves  2/6/11.