Llevo años en esto y hay momentos concretos que se me hacen muy cuesta arriba...

Extraña coexistencia diaria con el dolor, el sufrimiento y la enfermedad ajenos, combinados con el manejo de tecnología punta, intentando superar la vulnerabilidad humana hasta límites insospechados.

Cuando ya no hay esperanza, las alarmas dejan de sonar. Se silencian para evitar que su estruendosa resonancia acrecente el desconsuelo de los familiares, que lloran la pérdida de su ser querido entre blancos biombos, el sonido de otros monitores y el trajín del personal, que se afana por preservar la vida de otros enfermos anexos a dichos biombos.

La coyuntura de la expresividad del duelo y las últimas conversaciones de los allegados más próximos con el paciente terminal (o que acaba de fallecer), son lo que más esfuerzo me requieren para empatizar lo suficiente sin correr el peligro de zozobrar en la corriente de sentimientos trágicos que los arrastra en esos momentos.
Cuando un hijo se inclina sobre su padre moribundo, intubado, sedado y desprovisto de su aspecto natural por las circunstancias de su gravedad, y le dice "Papá, te quiero mucho, estoy muy orgulloso de lo que has hecho por todos nosotros"... o su mujer, en un esfuerzo colosal para poder articular unas palabras entre el llanto y la pena más incontenibles, confirma su amor sincero y eterno al hombre con el que ha compartido toda su vida, me entra una congoja enorme difícil de explicar, un nudo invisible me oprime la garganta y un sentimiento de desesperanza me inunda por completo.

Me siento totalmente intrusa en un proceso que debería pertenecer única y exclusivamente a esa persona que está falleciendo y a su querida familia.
Extraña, clandestina e injerente absoluta de la más sagrada intimidad... sin nada a cambio que aportar en esta transgresión ilegítima e involuntaria...


Berni.
Martes 15/6/10.






5 Responses
  1. dra jomeini Says:

    Creo que es el sentimiento que nos asalta a todo sanitario. Pero lo has descrito tan bien...


  2. Javier Says:

    Dicen que en la vida hay tres decisiones trascendentes y que el resto es pura rutina. Borges descubre en su Aleph ese punto en el espacio que encierra a todos los demás, pasado, presente y futuro. Y la muerte, ese desconocido acontecimiento que llena tantas páginas de pensamientos e inquietudes, que sigue arrasándonos con la evidencia más absoluta de la vulnerabilidad humana. Trascendencia, en suma, de un punto en el tiempo y en el espacio para esta muerte que nos arranca irreversiblemente gran parte de lo que somos. Y tú estás allí. Consoladora activa en la cima del momento más dramático de la existencia humana.
    Por suerte yo me dedico más al nacimiento. Liturgias de dolor, llanto e infinita emoción.
    Cuanta hermosura fuera de las rutinas.

    Mi admirado reconocimiento.


  3. Juana Says:

    La muerte, esa gran deconocida ....


  4. enfermero9 Says:

    Hoy me has emocionado tu a mi. Un beso apañera y no cambies por favor.


  5. Camino Says:

    Sí, si aportas, aportas tu comprensión y el deseo de preservar la intimidad de esa familia.