En una ocasión una sabia persona me dijo que era muy importante aprender a perdonar a los demás... pero sobre todo, a uno mismo.


"I´m going down
won´t you help me?
save me from myself...
I hear the sound of a memory
maybe time will tell

suddenly my life is like a river
taking me places I don´t want to go
but like all good men who swim too well
it takes all that I have just cry for help
then that voice in my head
tells me no

I´m going down
won´t you help me?
save from myself
I look around for a fantasy
maybe
who can tell?

let me live my life beside the river
take me to places where a child can grow
and then
maybe the boy inside will forsake me
maybe
the child in me
will just let me go...

I´m going down
the cold, cold water is rushing in
I´m going down
and I would beg to be forgiven

if I knew my sin..."


Lo que verdaderamente "me engancha" de la vida, en general, son las sensaciones emocionales que me transmiten las cosas, las situaciones o las personas, no ellas en sí mismas.
Es una auténtica desventaja si no hay cierto control sobre la avalancha emocional que suponen las constantes percepciones (algo que estoy aprendiendo a hacer), pero el disfrute máximo de todo es incomparable.

No sé cómo explicarlo...
Una pena no sentirlo, para poderlo entender.
¿Quién dice que los temas áridos no pueden convertirse en algo divertido?
Es lo que ocurre con las arritmias cardíacas.
La mayoría de los alumnos de Enfermería están obsesionados con entender y aprender sobre dos cosas principales en cuanto llegan a la UVI y estrenan rotación:
La ventilación mecánica y las arritmias cardíacas.

Un vídeo explicativo sobre el segundo tema lo he encontrado en un blog de un cardiólogo de Guatemala, que a su vez lo tomó de otro blog...
Esto de la blogosfera es muy entretenido... sí señor...




A la mayoría de nuestros pupilos les falta una buena base teórica, fundamental a la hora de poder desarrollar y aprovechar bien las prácticas clínicas, una parte importante de su formación global.
Por eso "sus enfermeras" insistimos en que no se deben agobiar al principio, tratando de absorber todos los conceptos "de golpe", sino que es vital para ellos que se esfuercen un poco en estudiar primero, para así poder entender lo básico, y luego avanzar en lo demás, que habrá tiempo suficiente para complicaciones...

Siempre poquito a poco... entendiendo...
que no vale la pena andar por andar,
que es mejor caminar pa´ ir creciendo...
Un par de minutos para disfrutar de lo que el hombre es capaz de hacer cuando se lo propone:



Magnífico ejemplo de solidaridad y afán de superación.
Si colectivizamos las determinaciones personales y la fuerza individual, no hay nada que el ser humano no pueda conseguir.
Es parte de su grandiosidad.
Estos días en mi servicio casi se puede ver la sangre correr por los pasillos...

Y es que la supervisora ha dado un ultimátum para que la gente decida el periodo vacacional que desea disfrutar.

Como somos un cerro de personas, y cada uno es "de su padre y de su madre", parece lógico y necesario la existencia de una lista, en donde se tiene un lugar asignado para elegir, y que va rotando cada año...

La prioridad está clara y la determina el puesto en dicha lista:
los primeros disfrutarán del mes de descanso deseado sin problemas, y las posibilidades para los posteriores van disminuyendo según se avanzan puestos. Los últimos deberán conformarse "con los restos", con lo que nadie quiere. Suerte que tienen algunos de que lo que otros deshechan sea lo que ellos necesitan, aunque eso es raro y no suele suceder...

Pues bien...
Parece que hay quien no lo tiene tan claro, y a pesar de estar bajo la línea de "los desgraciados", se toman en serio aquello de "los últimos serán los primeros", aunque dicha expresión sea únicamente válida en el reino de los cielos.

Y menudo percal que montan...

Los días de mayor tensión en la unidad entre los trabajadores y "compañeros" siempre son los previos a la elección de vacaciones, tanto de verano, como de Navidad, porque lo de comer el turrón con la familia es una prioridad absoluta para muchos.

Parece que en cuanto se toca el tema "vacaciones", algunos sacan el hacha de guerra y no la entierran hasta que consiguen "como sea" lo deseado, aunque para ello tengan que cortar las cabelleras de los que tienen al lado, "queridísimos" compañeros el resto del año...
Ahí es donde se ve la cara oculta de la moneda...


No me gusta nada la calma tensa que se respira y en mal rollito que se genera.

Yo este año soy de las últimas, y me tendré que conformar con lo que haya, como es lógico.
En el último momento una compañera me ha ofrecido un change que nos viene a las dos fenomenal y, sin buscarlo, me ha caído un apaño estupendo.
Que astucia me falta y los cambios y tretas para estas cosas siempre se me han dado fatal, es una realidad... porque soy una auténtica pasota del tema (muchas veces no sé ni lo que libro la semana siguiente...).
Que estoy en el mundo porque tiene que haber de tó...

Mi marido dice que "me las meten dobladas", a pesar del tiempo que llevo trabajando.
Puede que tenga razón, pero nunca me ha preocupado...


Seguro que este tema os será de sobra conocido:



Lo interpreta un grupo llamado The Script, formado por tres jovenes irlandeses, de los que se dice que son los herederos de los míticos U2.

Leyendo un poco su biografía he podido confirmar algo que siempre he pensado:
Que la música puede ser un apoyo importante para los artistas, un refugio y una evasión en momentos determinantes de su vida, a la vez que las propias vivencias personales influyen, sin ningún género de duda, en las letras y en el estilo musical particular de cada uno.

Parecen prometer estos chicos de The Script, que estuvieron en nuestro país hará como un mes.
Hubiera estado bien verlos, seguro que me habrían gustado.
Que no se me pase en la próxima...
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Son las 2:20 de la madrugada.
Estoy en la biblioteca de la UVI, justo enfrente de la ubicación que me han asignado hoy, en mitad del pasillo, donde tenemos dos camas de aislados.
Mis pacientes duermen plácidamente, uno de manera artificial, ayudado por la sedación, y otro de manera natural, acogido por Morfeo en sus dulces brazos...
Mi compañera se ha quedado leyendo al cuidado de ellos mientras yo me salía un rato, supuestamente a cenar algo. Pero estoy totalmente inapetente.
Antes de salir de casa tomé un café con algo sólido, y sobre las 23h, ya en el trabajo, fui a la máquina de una planta superior a por una coca-cola, que junto al café anterior, me han aportado la dosis de cafeína suficiente para mantenerme despierta toda la noche.
Según han pasado las primeras horas del turno, bastante tranquilas, pienso en el resto del tiempo que queda, con mucha posibilidad de ser igual de apacible y volverse casi eterno... y me deprimo profundamente.
Prefiero estar toda la noche trabajando "a destajo", que ver pasar las horas en el reloj derrumbada en el sillón.
Porque estando de noche tengo un problema de concentración que me impide leer un libro, por ejemplo, que sería lo más apropiado para estos momentos, pero me disgrego con gran facilidad en pensamientos abstractos, o me aburro enseguida y me rayo yo sola, teniendo la necesidad de moverme y de hacer algo que me entretenga.
Después de este ratillo en mi rincón iré a relevar a mi compañera, que se irá a cenar.
Cuando vuelva lo mismo tengo la suerte de sentir un hambre voraz y me voy a hacer lo propio.
Luego buscaré algún entretenimiento, me pondré a revisar los carros de parada, los desfibriladores... eso que todos sabemos que hay que hacer, pero para lo que nunca hay tiempo, ni ganas. Y yo soy la primera que odio esta obligación, pero cuando sobran las horas muertas, no tengo excusa para eludir mis deberes ;).
La comunicación no verbal es la parte más importante del lenguaje.
Incluso con más peso que lo que verbalizamos, que las propias palabras.
Al menos eso dicen los entendidos en la materia.



A la chica del vídeo la delata totalmente su lenguaje corporal, que en determinadas circunstancias parece estar totalmente dominado por la parte "más cachonda" del sistema nervioso autónomo.

Recuerdo bien la última vez que mi Simpático "me traicionó" a lo bestia.

Fue hace unos meses, en una clase teórica de RCP que tuve que dar a un grupo de médicos residentes.
En un principio iba muy tranquila, pero cuando abrí la puerta del aula y treinta cabezas se giraron al instante y clavaron sus miradas en mí, una especie de temblor fino comenzó a apoderarse paulatinamente de todo mi cuerpo.
El profesor que me presentó a la audiencia optó por marcharse unos minutos después de comenzar mi tiempo, para ver si así dejaba de carraspear, pensando que él era uno de los motivos de mi evidente nerviosismo.
Pero creo que "verme sola ante el peligro" sólo exacerbó mi inseguridad.

Sufrí una especie de crisis de ansiedad o pánico escénico lo que nunca me había pasado, al menos con semejante intensidad.
Me costaba respirar, no era capaz de meter aire en los pulmones y después expulsarlo, porque una opresión en el pecho me lo impedía.
La voz que me salía era ridícula, entrecortada y vibrante.
Mis manos gesticulaban de forma rápida, intentaba mantener la mirada al frente, en nada en concreto, pero me topaba con las caras poco estimulantes de los oyentes, lo que hacía más complicada la exposición.
Pensaba "lo estoy haciendo como el culo. No hay más que verlos, la cara de aburrimiento que tienen... no les interesa nada esto que estoy contando...
joder! vaya mierda... no sé por qué acepté esta clase, ni para qué me meto yo en estos berenjenales... tendría que haber dicho que no..."

Lo que se suponía que iba a ser una clase de una hora, yo la resumí a la mitad, y les dí un respiro a todos (y me lo dí a misma), antes de continuar.
Menos mal que me relajé bastante y después la parte práctica fue totalmente distinta, mucho más amena y distendida.
Hubo un grupo que mostró especial interés.
Creo que todos los miembros del mismo se tomaron la clase en serio y consiguieron actuar correctamente según los algoritmos vigentes, en los hipotéticos casos que les presenté.

El próximo 24 tengo que dar otra clase práctica de RCP en adultos y lactantes, así como el empleo de desfibriladores y el DEA, tan de moda en la actualidad.
Esta vez a compañeras enfermeras del hospital.
Espero tener controlado mi sistema nervioso autónomo y que mi lenguaje corporal transmita sólo paz y tranquilidad.