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Estrés.
Palabra renombrada hasta la saciedad en los tiempos actuales.
Su traducción literal, "fatiga", no sé si tod@s la conocen, pero son muy pocas las personas que no lo hayan sufrido en alguna ocasión.
El estilo de vida y los ritmos a los que irremediablemente somete "la modernidad" de ésta sociedad en la que estamos inmersos hace imposible no caer en un estado de fatiga continuado, que es lo peligroso.

El estrés es una reacción corporal defensiva ante estímulos adversos o agentes estresores.
El sistema neurovegetativo más "atractivo" del que va "a su bola" (Sistema Nervioso Autónomo), es decir, el sistema Simpático, se pone en funcionamiento y predomina sobre el otro más "tranquilón", el Parasimpático, para que nuestro cuerpo se ponga en alerta frente a la incidencia de estímulos potencialmente nocivos.
Así nos posicionaremos en un estado determinado, preparados para la defensa valiente o la cobarde huida, como si se tratase de salvarnos de una caza a vida o muerte...
El corazón se acelera, la respiración aumenta y los bronquios "se abren" a tope, los músculos se contraen, las pupilas se dilatan, nos olvidamos de las ganas de comer y se nos pasa la urgencia miccional (si es que teníamos ambas antes del estímulo estresante)...

Luego se puede deducir que el estrés es bueno para sobrevivir, e incluso para ser más competitivo, si nos referimos al estrés en el ámbito laboral.
Eso es algo que algunos directivos japoneses han aprovechado para someter a sus trabajadores a un nivel de estrés óptimo, según ellos, maximizar el rendimiento de la plantilla y así llegar a cuotas de producción superiores, que se traducirían en mayores beneficios económicos y en alta competitividad en el mercado.
Puede que éste estrés sea una de las causas del altísimo índice de suicidios que se da en el el país nipón, aunque la crisis financiera que sufre desde hace una década parece ser lo que más afecta. De cualquier manera, las dos cosas van unidas...
Las cifras son escalofriantes, y el dato que más me horripila es saber que los suicidios han aumentado mucho en los últimos años entre los adolescentes y los niños.

Algo falla, sin duda alguna.
Y dadas las tremendas consecuencias, parece que las autoridades quisieron tomar cartas en el asunto, y hace dos años empezaron a estudiarlo en serio para después poder actuar sobre los agentes desencadenantes.

Un poquito de sosiego Zazén es lo que necesitan.


Algo de lo que nuestra querida Juana nos podría hablar durante horas, que eso de la meditación transcendental la tira mucho.
Por eso cuando leemos algo suyo tenemos esa sensación de calma inmensa.
Da gusto charlar con alguien poseedor de tanta sabiduría, aplomo y serenidad ;).

Yo, por mi parte, voy a dedicaros un tema que va estupendamente con el post de hoy: No stress.
Para que se lo cantéis al jefe tempranito por la mañana cuando éste os llegue con exigencias "porculeras".




"I don´t wanna work today,
maybe I just wanna stay,
just take it easy,
cause there is no stress...
I know it´s not an awful crime,
something special in my mind,
nothing´s gonna cause me distress..."

Qué bueno!!
Aunque no creo que ninguno de nosotros estemos dispuestos a decírselo así a la cara, jajajaja!

Hay otra opción.
Unos ejercicios sencillos para quitarse el estrés momentáneo, justo antes de llegar al límite de la explosión.



Sinceramente, la música y la relajación me parecen opciones más razonables.

Buen día a tod@s l@s rinconer@s.


Berni.
Viernes 23/10/09.


Ésta entrada "la debía".

A diario en nuestro trabajo tenemos que soportar innumerables sandeces, fruto de los delirios de grandeza de nuestros superiores, o de aquellos que se encuentran, supuestamente, en un nivel más alto de conocimientos e inteligencia, y los que han olvidado las normas mínimas de educación y respeto para con los demás mortales.

Yo puedo y debo ser ciertamente condescendiente cuando me topo con individuos de tal calibre, siempre lo hago en pro de unas relaciones laborales lo menos tensas posibles, algo fundamental por dos motivos:

1) Porque es mejor llevarse bien con quien compartes tantas horas de roce.
2) Para que el mal rollo no repercuta de ninguna manera hacia el objeto de mi trabajo: los pacientes. Personas de carne y hueso, lo que conlleva sentimientos importantes de por medio.

Pero cuando me tocan "la moral" de manera repetida, no puedo evitar ser borde como nadie. Sin insultos, desde luego, pero puedo resultar incisivamente quisquillosa ("porculera", que dirían otros).

Vino un médico especialista en ORL a curar a un paciente que había intervenido días antes de un complicado tumor infiltrante. La cirugía había sido "la caña", nueve horas de quirófano, reconstrucción complicadísima con colgajo... bueno, tremendo (me alucinan esas operaciones).

Con él venía una residente joven, bastante agradable y muy correcta en el trato con los demás (vamos, lo que a mi me parece que tendría que ser siempre, sobre todo en lo referente al trato).

La cosa empezó a torcerse casi desde el principio, cuando el doctor solicitó un fotóforo para realizar la cura. Dicho aparato es una luz fría que algunos especialistas utilizan para tener un mejorado campo de visión, pero que en mi unidad no tenemos, porque, entre otras cosas, no es muy necesario.


Disponemos de unos focos de luz "normales" con los que los intensivistas realizan traqueotomías regladas en la cama del paciente sin ningún problema, pero éstos al doctor no le eran útiles.
Por ésta carencia de material estuvo jurando en arameo un buen rato "a grito pelao" en medio de la sala, quejándose de la "mierda" de unidad (palabras textuales) de cuidados intensivos que existía en el hospital, así como de la dejadez e incompetencia de la supervisora, que no hacía lo suficiente para conseguir el deseado fotóforo (algo que no está en su mano, pues las decisiones de compra de material especial no son de su competencia).

Después de una pequeña discusión, ambos médicos, jefe y residente, se dispusieron a levantar los apósitos sucios. Yo me ofrecí a hacerlo mientras ellos se lavaban las manos para después ponerse estériles, pero su sorprendente contestación fue "no, si no nos vamos a lavar... nos ponemos estériles directamente", así que continuaron retirando lo sucio y después se vistieron y enguantaron.

Me río yo de las peculiares normas de asepsia...
Algunos deberían releerse las recomendaciones básicas de la OMS en lo referente a la limpieza de manos, primer paso fundamental para una correcta asepsia, y saber que la utilización de guantes estériles no exime del lavado previo con agua y jabón (y no me refiero a un lavado quirúrgico).
Luego tenemos que soportar comentarios que me hacen hervir la sangre, como que el personal de Enfermería es el responsable de la transmisión de la flora oportunista que "pulula" por todo el hospital y que va "saltando" misteriosamente de un enfermo a otro... Hay que joderse...
Respiré hondo unos instantes y me recompuse...

El doctor se despachó agusto con la residente mientras realizaban la cura.
El pulso le temblaba y el sudor le chorreaba por la frente, su nerviosismo era más que evidente. Quizá el exudado purulento y el aspecto de la herida no era el esperado después de tantas horas de cirugía, pero de eso nadie tenía la culpa, y menos la residente, que aguantaba los improperios de su superior de manera estoica, cuándo éste le corregía con un lenguaje bastante inapropiado y poco profesional, sobre de su forma de manejarse en la cura.

A la par de todo ésto (mientras curaba e insultaba a la residente y hacía chistes sexistas), iba haciéndome unas recomendaciones muy obvias, de sobra conocidas y practicadas por el personal de Enfermería, que yo debía dejar debidamente reflejadas en nuestras incidencias.

- Claro, que aunque tú las escribas, nadie te hará ni puto caso...- remató
- No, doctor, mis compañeros suelen hacer caso de lo pautado y las recomendaciones hechas... los únicos que nunca me hacen caso son los doctores, en general...- apostillé en un tono entre jocoso y "hala, chúpate ésta..."
- Es que algunos médicos somos muy gilipollas - apuntó la residente de forma irónica, incluyéndose en el ajo para que su jefe no se mosqueara...

La cura finalizó con un festival de povidona iodada que nos hizo cambiar la cama entera del paciente, a pesar de haber tenido la precaución de poner empapadores bajo los paños estériles, puesto que además acabábamos de realizar el aseo del mismo.

Al día siguiente forré la cama y al paciente con los cuadrantes absorbentes antes "del evento".
El doctor venía de mejor humor, se trajo su propio fotóforo y a otro residente (hombre) al que enseñó con amabilidad y realizó la cura de otro talante.
Me permitió que hiciera algunas sugerencias sobre la manera de colocar los apósitos, poner bolsa de colostomía en antiguo punto de drenaje que exudaba de manera continua, sugerí una cánula de largo especial más adecuada a la anatomía del paciente, ya que con la que tenía el respirador daba una fuga enorme (y que puso, sin rechistar, para mi sorpresa)... en fin, cosas normales que manejamos bien y a diario.
Cuando se marchó comentó lo mucho que le gustaba la enfermería de la unidad, alabando nuestra profesionalidad.

La verdad es que me sorprende la actitud despectiva de algunos médicos, en el trato con los demás, ya sea con colegas, como con el personal de otros niveles.
Sé que un mal día lo tenemos todos, pero no soporto, ni creo que deba soportar, cierto lenguaje ofensivo y sexista.

En el caso de los residentes, ellos a veces tragan carros y carretas.
Yo he sido estudiante y comprendo, en parte, tener que tragar, pero es que no hablamos de lo mismo. A mí nunca me han tratado igual de mal...

Actualmente no tolero que nadie me maltrate en el trabajo, ya puede venir el jefe del servicio, del hospital, o San Pito Pato, es algo que tengo muy claro.
Creo que el respeto básico es una norma de educación elemental que yo mantengo y mantendré siempre.
Me parece justo que los demás hagan lo mismo, sin excepciones.



"What you want,
Baby I got it (menos un fotóforo)
What you need,
you know I got it...
All I´m asking is for a little respect..."


Berni.
Martes 20/10/09.

¿Cuánto "maltrato" estamos dispuestos a asumir en nuestros trabajos?
¿Por qué lo soportamos?
Una entrada muy escueta con dos cuestiones algo o inconcretas, pero con mucha miga.
Comentarios al poder!

Después explico mi "experiencia religiosa" matutina al respecto...

Berni.
Miércoles 7/10/09.
Llevaba sólo unos cuatro meses trabajando cuando me tocó llevar a los pacientes aislados.
Seis enfermos neutropénicos, encerrados en habitaciones acristaladas, como valiosas piezas de museo protegidas en urnas, para evitar que pudieran contraer cualquier pequeña infección en ese periodo tan crítico para ellos, con unas defensas inexistentes...
Y los seis a mi cargo...
Evidentemente la responsabilidad me abrumaba, no negaré que estaba totalmente "acongojada"... pero no podía hacer otra cosa, más que guardarme los miedos, templar el ánimo y la razón e intentar hacerlo lo mejor posible...

Me dieron el parte mis compañeras de la mañana y en unos minutos me pusieron al día de los antecedentes y la situación actual de cada uno de mis pacientes.
Al contarme acerca del inquilino de la habitación 2, me dijeron que el enfermo era "de la casa", un médico que había recaído y que estaba bastante fastidiado después de un agresivo ciclo de quimioteparpia. Pero él era "muy duro", recalcaron, además de ser un paciente "muy majo".

Tras revisar las carpetas detenidamente, saqué el parte de la medicación y de las tareas pendientes y me dispuse a cargar lo de las 16h.
Comencé a entrar en las habitaciones para conocer a los enfermos, tomarles las ctes. y administrar los fármacos que acababa de preparar.
Al abrir la puerta de la sala 2 me topé con una gran sorpresa.

El paciente "de la casa" al que se había referido mi compañera no era otro que JM, aquel cirujano tan amable y humano que había conocido un año antes, cuando yo aún era alumna de Enfermería y pasé por quirófano en mi primera rotación del último año de carrera.
Me dió un vuelco el corazón y sentí que me temblaban las piernas momentáneamente.
No tenía mucha experiencia con enfermos de Hematología, en realidad no la tenía con ningún otro paciente ni otras patologías, pero siempre había escuchado que las recaídas después de los cinco años de curación, en éste tipo de procesos malignos, tenían un pronóstico pésimo.
Intenté disimular mi nerviosismo, di las buenas tardes y me presenté.
Él no se acordaba de mí, como era lógico, además no me podía ver la cara, porque a los aislados había que entrar con mascarilla.
Tras unos minutos de conversación, decidí contarle que habíamos coincidido en el quirófano, y le recordé el episodio en el que él nos enseño a una "R" pequeña y a mí a suturar.

Pasaron los días y JM allí seguía.
Su aplasia duró bastante, más de lo normal.

Se mantuvo en aquel cubículo acristalado días y noches enteros, con la compañía de su mujer y padres, que tenían que turnarse para entrar individualmente a la habitación.A su hija la veía a través del cristal...
Cuando la televisión le aburría y si las fuerzas le daban, se sumergía en la lectura de la prensa y de sus libros.
Si se encontraba muy mal, dormía, o dormitaba, lo que la astenia y la fiebre le permitían...
Siempre con su sonrisa en la boca, su enérgica simpatía, su tono amable y sus maneras educadas...

JM salió de la neutropenia y se fue a casa, pero sólo para pasar unos días de descanso, hasta el siguiente ciclo de quimio.
Los ingresos, los tratamientos que le dejaban hecho polvo, los aislamientos... todo se repitió en bastantes ocasiones, porque su patología le dió pequeñas treguas, pero nunca hubo un periodo de paz duradero en esa encarnizada pugna entre la salud y la enfermedad, entre la vida y la muerte.

Él sabía que el resultado final sería el mismo, sabía perfectamente quien se alzaría ganador, pero no tiró la toalla nunca.
Tenía una familia a la que adoraba y que lo adoraban. Por ella era por lo que soportaba todo aquello.
Incluso llegó a someterse a una cirugía muy arriesgada en sus condiciones para intentar alargar un poco más su superviviencia. La operación se la realizaron sus propios compañeros de promoción, sin muchas esperanzas, pero con un aplomo increíble.

Durante meses fui testigo de su deterioro progresivo... y a mí se me partía el corazón.
Cuando caminaba por los pasillos lo hacía con una particular marcha, ya que una infección ósea complicada le dejó cojo. Después venía con muletas... y en los últimos ingresos, en silla de ruedas.

Meses de plantarle cara al puto cáncer, de ponzoñosos fluídos en vena, de dolor, de ira, de rabia, de inmensa tristeza... de dolor y más DOLOR...
Pero ni una sola muesca de flaqueza por su parte, hasta que se vió de frente con la muerte.

JM murió al entrar la noche de un viernes, en un puente de Los Santos, ironías de la vida...
El trasiego de amigos, compañeros y familiares era constante, porque mucha gente lo quería, y no era de extrañar, ya que era una gran persona.

La perfusion de morfina apagó su sufrimiento e hizo la despedida menos amarga.
Cerró los ojos y se dejó llevar, rodeado por los acogedores brazos de su mujer, el amor de su vida, entre mil caricias y sus dulces gestos de cariño, y bajo la atenta mirada de sus ejemplares padres, que vieron, con gran entereza, cómo se marchaba de éste mundo su único y amado hijo.

Al día siguiente un compañero y yo fuimos a dale el adiós definitivo al tanatorio.
Ha sido la única vez que lo he hecho, ir al tanatorio, por un paciente.

Nos abrazamos a su familia y nuestro llanto se hizo incontenible.
Tampoco había por qué disimular ya.
En el hospital, en momentos de debilidad o flaqueza, te ibas al baño a llorar y a que pasara el mal rato, aunque en los últimos momentos de vida de JM, aquel viernes por la tarde, no me importó nada que vieran las lágrimas deslizarse en mi cara.


En memoria de JM.R.




Berni.
Jueves 3/9/09.
JM
Así era como casi todo el mundo le conocía, de manera informal, en el hospital: JM.
Sus compañeros se referían a él con éstas dos letras, las siglas de su nombre compuesto, e incluso añadían su apellido detrás, para darle cierta seriedad, cuando colocaban "el doctor" delante, si tenían que nombrarlo ante algún paciente.

Yo lo conocí en mi primera rotación del último curso de carrera, cuando pasé por el quirófano de digestivo.
Dicha rotación no fue todo lo buena que yo esperaba, porque no logré conectar con la enfermera que me asignaron. Era una mujer de edad mediana, bastante agria de carácter, un tanto "especial", como la calificaban sus propias compañeras.
Desde el primer día yo sentí que no hubo feeling, y noté que la cosa no iba a ir bien.
Era muy desconfiada y no me dejaba participar en casi nada, así que mi labor durante los dos meses que duró la rotación casi se limitó a la realización de tareas de auxiliar para ella... además de tener que soportar los absurdos e inmaduros comentarios sobre mi juventud y mi manera de maquillarme los ojos, según ella, tan provocativa, que constituía una inapropiada distracción para los doctores...
Desde luego, lo que teníamos que aguantar cuando éramos estudiantes, o "niñas de la escuela", que era como nos llamaban... algo que a mí me reventaba profundamente...

De JM recuerdo que me sorprendió bastante su gran amabilidad, y el trato diferente que tenía con el personal de Enfermería, mucho más educado y respetuoso que el resto de los cirujanos a los que había visto trabajar en aquella sala tan aséptica y fría.

En una de las escasas ocasiones en las que pude lavarme y participar en la cirugía como instrumentista (mi enfermera habitual no había venido ese día), estaba operando JM, y cuando se dispuso a cerrar la piel, decidió de repente intercambiar los papeles, dejar que la R pequeña que lo acompañaba y yo, fuésemos las que suturásemos, mientras él, con gran paciencia y disposición, nos enseñaba y nos guiaba en la manera de coger las pinzas, montar las sedas y dar los puntos...
Terminamos pinchándonos los tres en varias ocasiones, pero eso a mí no me causó ningún miedo, porque no noté ninguna intranquilidad especial entre los que allí estaban, y al revisar la historia de la paciente con más detenimiento, se pudo comprobar que no existían motivos para preocuparse más de lo debido.

Fue una experiencia estupenda, que recuerdo con cariño, a pesar de que también esté cargada, inevitablemente, de un cierto sentimiento de tristeza, debido a los duros acontecimientos que sobrevendrían, sin yo, tan siquiera, intuirlo mínimamente, unos meses después...

Berni.
Martes 18/8/09.






Hace un par de días me topé en mi servicio con un médico al que conozco desde hace bastante tiempo. Venía a ver a un paciente suyo, al que había operado de un tumor pulmonar.
La verdad es que nos vemos con bastante frecuencia, ya que le gusta seguir el postoperatorio de sus pacientes "de cerca", y viene casi a diario, pero por eso de las vacaciones, hacía semanas que no coincidíamos.
Es un tipo simpático, con bastante carácter (jodo! cuando se enfada...), un tanto "echao pa´lante",de los de "ay moza, ven acá, pacá, pero sin malicia alguna.

- Hola "cuerpo"... ¿qué tal estás, además de buena, que eso ya lo veo?
- Muy bien, como siempre, currando un poco...
- Pero ¿no me vas a dar un beso?... Anda, bésame... (poniendo la mejilla)
- Claro que te doy un beso, y dos si quieres... yo nunca niego los besos, a mí el Amor me rebosa... Además no pienso seguir las recomendaciones de tu Ilustre Colegio. Que lo sepas...
- Ni yo tampoco. A mí si que me rebosa...

Nos echamos unas risas, porque ese ambiente distendido y ese juego seductor es imposible evitarlo hablando con él, más vale enfrentarlo con valentía, que dejarse apabullar, que no es más que puro cachondeo, pues es un cordero con piel de lobo... y eso lo sabes con el trato y el tiempo.

Lo anterior es mera excusa para hablar de la medida que propone el Colegio de Médicos para intentar evitar la transmisión de la tan temida gripe A.
Su lema "No beses, no des la mano, di Hola" me parece del todo inapropiado y alarmista.
Cuánta gente pasa la gripe "normal" todos los inviernos, cuántas bronquitis y neumonías entre la población, cuántas complicaciones respiratorias graves... y nadie nos ha dicho nunca que debemos comportarnos como si estuviéramos viviendo entre "apestados"...
Porque eso es lo que parece, y lo que creo que inculca éste tipo de actitud.

Yo, por mi parte, no voy a variar mis hábitos de relación con el mundo.
Seguiré abrazando y besando a mi familia y amigos, continuaré dando la mano formalmente o dando los dos besos españoles de costumbre, según requiera la situación, cuando me presenten a alguien nuevo.
Que para mí el contacto físico y humano es esencial.
Prefiero la "calidez enfermiza" que "la frialdad saludable".
Sin dudarlo...

Como comenté en el blog de Salva, que reivindica los besos con un acierto extraordinario, falta mucho Amor en el mundo. Por favor, que no nos nieguen el poco que tenemos...



"In the abcense of your love
and in the abcence of human touch
I have decided I´m throwing my arms around all of Paris
because only stone and steel accept my love...

In the abcense of your smiling face
I traveled all over the place,
and I have decided I´m throwing my arms around all of Paris
because only stone and steel accept my love...

... nobody wants my love
nobody needs my love...

... yes you made yourself plain...
yes you made yourself very plain..."


Berni.
Sábado 15/8/09.
El paciente de la cama **** necesitaba un cambio de vía central lo antes posible, ya que los cultivos sanguíneos extraídos días previos así lo indicaban...
La enfermera dispuso todo mientras la residente se aseguraba una correcta asepsia manual debajo del grifo.
Compresa estéril para secarse, la bata, los guantes, los paños... todo como siempre...
La técnica resultó algo difícil, no todas las cosas salen bien a la primera, y el nerviosismo y el enfado de la doctora empezó a proyectarse sobre los de alrededor...
Cuando la vía estuvo canalizada, la enfermera procedió a ayudar a comprobar la permeabilidad de las luces de la manera habitual, pero la residente quiso hacerlo sola.
- Dáme suero salino y las alargaderas...
- ¿Las quieres heparinizar ya y así fijas la vía con tranquilidad y evitas que se obs...?
- No, te he dicho que sólo quiero suero...

Después de dar un par de puntos la residente quiso heparinizar las llaves, no dándose cuenta que las luces estaban clampadas...

- Joder, vaya mierda...- farfullaba entre dientes...
Su obcecación hizo que la presión empleada con la jeringa se tradujera en un chorro de sangre que salió por el otro tapón de la llave y se eyectó directamente sobre la cara y los ojos de la enfermera.
Ni una pequeña disculpa, sólo un escueto ay de sorpresa salió de la boca de la residente...

Al terminar la técnica la enfermera dijo:
- Te voy a pedir dos cosas por favor:
Un volante para la placa de control de la vía y otro para una serología de la paciente...
- ¿Serología? No es necesario...
- Hombre, pues sí lo es, que me he llenado de sangre la cara y me ha caído en todo el ojo...
- Pues si sólo era suero...
- Mira mi pijama, por favor... el suero no tiene este color...
-Bueno, vale, haré el volante de la serología...
¿Y la placa? ¿Para qué quieres un volante de placa?...

Este es un episodio real vivido por una compañera en una mañana cualquiera, en un momento de rutina laboral habitual.
En ocasiones me pregunto por qué algunas personas proyectan sus frustraciones personales y/o laborales sobre otros con los que trabajan, y también por qué toleramos que nos traten de semejante manera, con tan poco respeto.

Creo que las palabras y las buenas intenciones no pueden solucionar un problema de educación básica, de la que carecen muchas personas.
Para eso están otros niveles superiores y otra metodología de actuación, a los que debemos acudir cuando surjan demenciales incidentes de este tipo.
No debemos tener miedo a denunciarlos, porque esto es parte de lo que nos asegura nuestra dignidad y nuestro propio respeto.

A veces dan ganas de cantar a gritos y con descaro lo que la gran Aretha pide con insistencia, sin tener en cuenta el carácter reivindicativo del tema sobre algunas actitudes masculinas... solo RESPETO!

Estos días en mi servicio casi se puede ver la sangre correr por los pasillos...

Y es que la supervisora ha dado un ultimátum para que la gente decida el periodo vacacional que desea disfrutar.

Como somos un cerro de personas, y cada uno es "de su padre y de su madre", parece lógico y necesario la existencia de una lista, en donde se tiene un lugar asignado para elegir, y que va rotando cada año...

La prioridad está clara y la determina el puesto en dicha lista:
los primeros disfrutarán del mes de descanso deseado sin problemas, y las posibilidades para los posteriores van disminuyendo según se avanzan puestos. Los últimos deberán conformarse "con los restos", con lo que nadie quiere. Suerte que tienen algunos de que lo que otros deshechan sea lo que ellos necesitan, aunque eso es raro y no suele suceder...

Pues bien...
Parece que hay quien no lo tiene tan claro, y a pesar de estar bajo la línea de "los desgraciados", se toman en serio aquello de "los últimos serán los primeros", aunque dicha expresión sea únicamente válida en el reino de los cielos.

Y menudo percal que montan...

Los días de mayor tensión en la unidad entre los trabajadores y "compañeros" siempre son los previos a la elección de vacaciones, tanto de verano, como de Navidad, porque lo de comer el turrón con la familia es una prioridad absoluta para muchos.

Parece que en cuanto se toca el tema "vacaciones", algunos sacan el hacha de guerra y no la entierran hasta que consiguen "como sea" lo deseado, aunque para ello tengan que cortar las cabelleras de los que tienen al lado, "queridísimos" compañeros el resto del año...
Ahí es donde se ve la cara oculta de la moneda...


No me gusta nada la calma tensa que se respira y en mal rollito que se genera.

Yo este año soy de las últimas, y me tendré que conformar con lo que haya, como es lógico.
En el último momento una compañera me ha ofrecido un change que nos viene a las dos fenomenal y, sin buscarlo, me ha caído un apaño estupendo.
Que astucia me falta y los cambios y tretas para estas cosas siempre se me han dado fatal, es una realidad... porque soy una auténtica pasota del tema (muchas veces no sé ni lo que libro la semana siguiente...).
Que estoy en el mundo porque tiene que haber de tó...

Mi marido dice que "me las meten dobladas", a pesar del tiempo que llevo trabajando.
Puede que tenga razón, pero nunca me ha preocupado...


El día de ayer y el martes asistí, junto a una compañera del servicio, a unas jornadas monográficas sobre "Infecciones por gérmenes Gram positivos en el paciente crítico" que se organizaron en el hospital.
El año pasado también fuimos, y tengo que decir que tanto por la temática, infecciones fúngicas, como por las ponencias, a mí personalmente me pareció más amena e interesante dicha jornada anterior.
Aunque son reuniones proyectadas por sociedades de medicina y la asistencia de los profesionales que acuden a las mismas es casi de exclusividad médica, los profesionales de Enfermería también podemos participar como asistentes y aprender algo, que nunca viene mal.

Las jornadas, reuniones, cursos, etc, que se realizan en el hospital son continuos e innumerables y si no estás muy atento a los paneles donde se cuelgan los folletos informativos, o no te gusta el ciberespacio, pues como que te los pierdes.

De todas maneras la publicidad y el marketin influyen mucho en estas cosas y a algunas le dan mucho bombo para que se sepan... y a otras no.

Quiero creer que ese habrá sido el motivo principal por el que sólo hemos ido dos enfermeras en todo el hospital a dichas jornadas.
Es algo que a uno de los representantes de las empresas colaboradoras le llamaba mucho la atención y nos lo comentaba amenamente, pero como le dijimos nosotras de manera jocosa, que con nuestra asistencia quedaba asegurado el punto de glamour y distensión que el evento precisaba, que con tanta seriedad recalcitrante, a algunos se les saltarían los puntos del lifting quirúrgico...







Hace unos meses tuve una alumna, un poco coñazo la tía, que pedía disculpas por todo.
Si se equivocaba al hacer el balance, si no se acordaba de calibrar los transductores de presión, si sacaba una gasometría y manchaba la cama, si, si... perdón, perdón...uy perdona, perdón...
Hubo varios días que, al estar yo de noches, tuvo que "adoptarla" otra compañera...
Esta, en el cambio de turno, me dijo jocosamente:
- Joer, Esther, ¿cuándo vuelves a la mañana? Es que tengo a tu alumna... se pasa el día pidiendo perdón.... y no la aguanto, es una cansina.
- Mira que eres... pobrecilla, déjala, es buena chica y está aprendiendo...


La experiencia de la vida y de este mundo cruel nos enseña que "stop apologising for the things you´ve never done"...
Que a mí, además, no me gusta nada ser cansina...
Soy incapaz de ser rencosora, y menos con aquellos a quienes amo, aunque estos no me hayan querido.
Eso sólo lo saben los que me conocen un poco...