En ocasiones la vida es caprichosa y puñetera. Un desconcertante recorrido sobre un camino plagado de vaivenes sorpresivos y desestructurantes.
Cuando por fin se alcanza un estado de contenido entusiasmo óptimo para el deleite, cuando se puede sentir el aire anegando los pulmones sin que el pecho reviente y se disfruta con cada extrasístole sin que el corazón zozobre, llega el temido final del ascenso y la inminente bajada.
Miras alrededor y de repente eres consciente de la tremenda caída.
Notas un prematuro vértigo constriñéndote las vísceras y cierras los ojos para no ver el desplome.
Sabes que no valdrá de nada, pero lo haces por puro instinto de protección.

Lo que el cielo te da, el cielo te lo quita.
Uno no puede más que sentir gratitud, aunque resulte doloroso... tremendamente doloroso...



Berni.
Viernes 28/5/10.
5 Responses
  1. Camino Says:

    Yo no me resigno a que me lo quite...así me va!
    Un abrazo Sirenita ;)


  2. Colorin Says:

    Me parece de sabios aceptar las leyes de la naturaleza. Considero que es imposible mantener la cordura sin aceptar la vida tal como es, pero a la vez, creo firmemente que tenemos dentro de nosotros suficientes recursos para mantener nuestra vida llena de sentido, aún en medio de los mayores contratiempos.
    Muchos ánimos Berni.


  3. Javier Says:

    Presiento que te refieres a algo concreto pero no alcanzo a sospechar qué. La reflexión que haces, en el supuesto contexto de tu trabajo, puede tener unas connotaciones que desaconsejen perderse en generalidades.
    Palabras y sentimientos que constatan una realidad y una dimensión humana.
    Pero comparto la observación de Colorín. La “enfermedad” puede ser la vía que la naturaleza utilice para hacernos crecer.
    Verborrea tengo.
    Un abrazo.


  4. Rafa Says:

    Yo me resigno. Pero me jode. Mucho, Cada día. A lo mejor cada día un poco menos. Pero me jode. Y ese quemazón...

    Un beso guapa.


  5. Berni Says:

    No resignarse a lo que no se puede cambiar es sufrir por sufrir, yo lo tengo comprobado, pero aún así me niego a aceptarlo. Cabezota que es una...
    Lo que comenta Colorín sería lo más prudente, sin duda, pero como bien reseña Javier, es parte de la dimensión humana (el sufrir por ello, el negar lo que no deseamos perder).

    Y jode, claro que jode, Rafa...

    Gracias.