Os dejo la primera parte de la historia que he escrito a petición de Juana y a propósito del vídeo del anterior post ( Mind of the Wonderful, de Blank and Jones).
La continuación la publicaré en los próximos días.
El final es más que previsible,como esta historia en sí, pero espero que os guste...


"B&J iban juntos a todas partes.
Formaban un dúo indisoluble, como dos hermanos siameses unidos entre sí por un cordón umbilical invisible.
Ni ellos mismos conocían el motivo de tal circunstancia, pero era algo que ni se planteaban, porque sencillamente, no podían concebir la existencia de uno sin el otro.
Siempre fue así...

Habían sido enviados al mundo terrenal para mezclarse entre sus corrientes pobladores y poder llevar a cabo sus particulares "misiones".

El aspecto humano "tan normal" que les habían concedido les hacía pasar totalmente desapercibidos entre el gentío, de una manera más inadvertida de lo habitual, casi como si fuesen transparentes a la vista de los demás, incluso en ausencia de grandes tumultos, cuando el vacío llena las calles y la presencia de unos pocos resulta evidente.

Una fuerza extraña les guiaba hacia la tristeza de los humanos.
Podían detectar los problemas de ciertas personas, aquellas portadoras de una enorme melancolía en la mirada y especialmente necesitadas de Amor. Esos casos constituían la esencia principal de su objetivo:
enlazar corazones solitarios era lo que mejor se les daba, para lo que en realidad habían sido creados y enviados a La Tierra.

Entraron en aquel túnel subterráneo donde los mortales acostumbraban a ir cuando querían moverse bajo la ciudad, metidos como sardinas en latas en esa especie de lanzadera obsoleta.
No entendían por qué allí encontraban tanta desolación entre los que lo transitaban normalmente, sobre todo a determinadas horas, pero lo cierto era que la fuerza misteriosa les arrastraba en muchas ocasiones hacia aquellas galerías de oxígeno irrespirable y hediondo ambiente.

A un lado del las vías se encontraba Mimí, una preciosa muchacha de melena clara y mirada inquieta, cabizbaja, inmersa en sus pensamientos cotidianos. Aún no alcanzaba a comprender por qué ese hombre, al que había entregado tanto y con tanta bondad, la había dejado de manera tan sorpresiva...
Él había sido todo para ella...



Mimí quería empezar de nuevo, olvidar como fuera, desterrarlo para siempre de su pensamiento, porque su mero recuerdo la producía un sentimiento de tristeza indescriptible.
Las lágrimas que inexplicablemente no había conseguido derramar, se habían vertido hacia su interior, y a veces se ahogaba en su propio océano.
Era como una sirena varada en los restos de un naufragio, entre mástiles y redes que la atrapaban a un metro bajo la superficie. No podía nadar sobre el agua y respirar aire puro, pero tampoco bucear en las profundidades marinas, donde la libertad del gran azul confería el mayor regalo que podían tener todas las criaturas acuáticas...
Mimí lo seguía amando, estaba segura de que siempre sería así el resto de su existencia, era inevitable, a pesar de que él no había merecido nunca ni un ápice de su adoración, porque nunca le había importado lo más mínimo todo ese Amor.
"Tal vez eso no era lo que él necesitaba"... Había intentado convencerse tantas veces de ello, que el hecho de quererlo la dolía, por no poder ser lo que él quería que ella fuese... y, sobre todo, por haberlo dejado marchar...



Era una historia absurda, sin comienzo claro, pero con tajante y duro final, no podía haber sido de otro modo, conforme a la irracional lógica de aquello...

Al otro lado estaba Jack, un chico sin suerte en las relaciones con el género femenino, y un historial tan largo de fracasos sentimentales, que podía llenar páginas enteras en el libro no escrito del Desamor.
Jack estaba harto de la rutina de su vida, del sin sentido de todo aquello. De llegar a su pequeño apartamento abuhardillado y encontrarse con un inmenso desierto al abrir la puerta. Incluso en el oscuro pasillo que separaba el ascensor de dicha puerta, unos metros antes de llegar a la entrada de su casa, podía notar el desagradable rechinar de sus zapatos al pisar la arena que se escapaba por debajo del zócalo...
Añoraba la tibieza de su sonrisa, la suavidad de su piel, sus brazos rodeándole nada más cruzar el marco que separaba el resto del mundo de aquel precioso universo, perteneciente sólo a ambos...
La echaba tanto de menos... tanto!... como el desierto añora la lluvia...
Creía que ya lo había superado, pero la realidad era que el hecho de que ella no estuviese, le retumbaba en su cabeza una y otra vez...



Ambos sentían el amargo regusto que deja la pasión desmedida cuando ésta llega, te zarandea bruscamente, y te planta, sin más explicación.
Eran perfectos para encontrarse, para que en ese momento se conocieran, surgiera la chispa mágica, y diera comienzo un gran amor, ese Amor que los dos guardaban y deseaban compartir con generosidad, ese que otros no habían sabido disfrutar..."


Berni.
Jueves 10/12/09.
4 Responses
  1. Javier Says:

    Hay talento.
    Enhorabuena.
    Gracias.




  2. Berni Says:

    Me alegra que os haya gustado.
    El Domingo 13 se publicará la segunda parte del relato...

    Gracias a vosotros por estar al otro lado de la pantalla, compartiendo momentos e impresiones conmigo.
    Sois una compañía estupenda.