Hace unas tres semanas estuve haciendo un curso del programa de formación continuada del hospital y en una de las clases ocurrió una anécdota curiosa que quería contar, y que evidencia una falta de seguridad absoluta para todas aquellas personas que se encuentran en un centro sanitario, tanto pacientes como trabajadores...

Tras el pertinente descanso de a media tarde para tomar un café, ir al waterclose y esas cosas necesarias, regresamos al aula y el profesor reinició la clase.
Una compañera de curso me susurró al oído "hay atrás un señor nuevo que antes no estaba. Tiene unas pintas un tanto raras... como de indigente..."
No escuché muy bien su comentario, la clase estaba ya comenzada... y la verdad es que no le di mucha importancia...
El profesor estaba en los preliminares de un tema interesante acerca del gasto cardíaco, los diferentes métodos de monitorización, etc, cuando ese hombre extraño "se hizo notar", pues farfullaba palabras inconcretas tras cada explicación del docente.

Sus primeros comentarios no obtuvieron respuesta, pero como el hombre insistía, el profesor se detuvo en sus explicaciones y le dijo:

- Oiga, usted no estaba antes en la clase ¿verdad? ¿Quién es usted?
- Soy Lázaro - contestó el hombre con toda naturalidad...
- ¿Lázaro? - repitió el profesor un tanto sorprendido - ¿Pero es usted paciente o familiar de alguien en este hospital...?
- No, no... yo es que venía a donar sangre en la Fundación Jiménez Díaz y me he pasado por aquí... pero siga, siga, que yo entiendo todo lo que usted dice...
- Pero es que usted si no pertenece al curso, y es obvio que no, no puede estar aquí...
- No, si yo no quiero molestar... me parece muy interesante lo que está diciendo, lo hace usted muy bien...
Me han operado aquí hace unos días y ahora quería donar... me han dicho que estoy bien de tensión, aunque yo soy hipertenso, ¿sabe?...

Aquel hombre nos contó una historia rocambolesca acerca de sus experiencias hospitalarias, mientras reinaba la perplejidad entre todos los allí presentes.
Parecía una escena de película de Almodóvar, absurda e hilarante, protagonizada por un singular personaje que parecía sufrir algún trastorno psiquiátrico...

- Por favor, abandone la sala - Le espetó el profesor de manera amable pero contundente.
- Bueno, yo no quería molestar... Si lo sé no digo nada...

Sin mayores discusiones Lázaro salió de la clase y se marchó.
Tras el portazo y unos segundos de silencio, estallaron las risas reprimidas y los comentarios de asombro inundaron la sala.
Después de unos minutos, la clase continuó sin más.

Me dio mucha lástima aquel individuo...
Era un pobre indigente de los que subsisten en los alrededores del centro.
Una compañera comentó que lo conocía, que llevaba mucho tiempo comiendo y viviendo clandestinamente a costa del hospital. Ese día hacía bastante frío en la calle y quizá decidió colarse entre los alumnos del curso para pasar un rato ameno y estar calentito. Evidentemente su aventurilla no le hubiera salido bien nunca, pero él lo intentó...

Todo quedó en una anécdota graciosa, pero me hizo ser consciente de la poca seguridad que existe en los hospitales, porque aquel sujeto infiltrado no era más que un pobre diablo inofensivo, pero de igual manera hubiera podido acceder un chalado cualquiera con intenciones no tan sosegadas...

El libre acceso y los múltiples puntos de entrada sin control hacen que estas cosas ocurran, no sé por qué nos chocan tanto. Lo que realmente es de extrañar es que no sucedan con más frecuencia.

¿Quién no recuerda del episodio que se vivió en el hospital 12 de Octubre cuando un sicario mató a balazos a un narcotraficante ingresado en una habitación del centro hospitalario?
¿Y del caso sucedido en el Hospital Clínico San Carlos una madrugada en que un desequilibrado entró en una habitación y asfixió a un paciente? (no he encontrado enlaces de esta noticia pero la recuerdo perfectamente).

Al margen de estos incidentes aislados más violentos, se encuentran los casos de robos continuos de prendas de vestir, bolsos, carteras, etc...
Los ladrones "de guante blanco" pululan por todo el hospital con cierta impunidad, y aprovechan los momentos de ausencia de los pacientes y familiares de las habitaciones, en los controles de Enfermería, etc... (los robos de las carteras de los bolsos del personal están a la orden del día).

¿Son nuestros hospitales centros seguros para los pacientes y los trabajadores?¿Debiera imponerse algún mecanismo de acceso eficaz que restringiera las llegadas de todos los visitantes?

No es cuestión de blindar los hospitales, pero tampoco que "to quisqui" pueda pasar "como Pedro por su casa"...

Berni.
Sábado 3/4/10.
3 Responses
  1. Javier Says:

    En mi hospital te puedes encontrar al mendigo de turno durmiendo en tu cama cuando vas a descansar durante la guardia. Pero sin embargo considero que es prioritario perseguir al cocinero. Tiene mucho más peligro.
    Saludos.
    Javier.


  2. Berni Says:

    Tienes razón, es prioritario. De hecho el mendigo que te encuentras en tu cama la habrá asaltado por pura necesidad, seguro que antes probó las excelencias culinarias del cocinero.
    :)
    Gracias por pasarte y comentar, eso me anima. Últimamente veo el rincón un tanto "desierto".
    ¿Me estaré volviendo mortalmente aburrida?...
    Probablemente...


  3. Camino Says:

    Yo estudie en la autonoma, al lado habia un psiquiatrico, y de vez en cuando alguno salia de alli y venia a vernos...se quedaban a las puertas de la facultad, con carteles...a mi me daba miedo su mirada, era una mezcla de ira y mirada perdida...
    Me acuerdo un dia que ya me habia acostumbrado a verlos, que confundi a un profesor con uno de ellos..algo de locura-pasional por los numeros si habia en sus clases, su mirada tambien era de locura febril.